martes, agosto 07, 2007

47 RONIN

La "fiebre del ladrillo", en fin, amenaza con convertirse en un problema de convivencia. Hoy, como todos los días laborables de este mes vacacional, me despiertan a las seis y media de la mañana las hormigoneras de una obra vecina. Ya he desarrollado el reflejo de levantarme, cerrar a cal y canto las ventanas y volverme a dormir. Pero hoy el ruido tiene una nota añadida: alguien ha dejado una radio encendida en la caseta de obra, y por encima del fragor de las hormigoneras me llega la voz desaforada de un tertuliano radiofónico, creo que de la COPE... Me asomo al balcón y le grito al tipo de la caseta que haga el favor de apagar la radio, que bastante tenemos ya con aguantar el ruido de la obra. "Vale, hombre, vale", me dice el asombrado trabajador, sin saber todavía a qué carta quedarse ante esa vociferante aparición en calzoncillos.

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Para olvidar el incidente y recuperar el sueño, reconstruyo de memoria algunas escenas de 47 Ronin, la espléndida película de samuráis de Hiroshi Inagaki, cuya segunda parte vimos anoche. No es, quizá, el curso de pensamiento más apropiado para mi presente estado de ánimo: esta espectacular historia de venganza demorada, que se desencadena cuando el jefe de un clan samurái, repetidamente humillado por un alto funcionario corrupto, desenvaina su espada en el palacio imperial y es consiguientemente condenado a hacerse el harakiri, como les ocurrirá después a los cuarenta y siete que se juramentan para vengar su muerte... Me quedo con el estremecedor ciclo de despedidas que precede al acto final de venganza, en el que todos los juramentados deciden su suerte. Pocas veces se ha filmado con tanta delicadeza el leve balance entre deberes y afectos respecto al cual debemos tomar nuestras decisiones.

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Y un poema de Robert Lowell, para rematar la tarde: "For the Union Dead" ("Para los muertos de la Unión"). También habla de excavadoras, y de la avidez depredadora con que las sociedades modernas devoran su pasado: en este caso, construyendo un aparcamiento frente al monumento que conmemora al coronel Robert Gould Shaw, que encontró la muerte en combate al frente de un regimiento de negros en la Guerra Civil americana. Valga la indignación de este poeta-patricio para revestir de dignidad mi desaforada protesta mañanera.

En la imagen, la tumba de los 47 leales homenajeados por la película de Inagaki.

1 comentario:

el lucero de recas dijo...

Lástima que la version de Mizoguchi sea tan dificil de conseguir esperemos que el dvd la traiga pronto.