miércoles, agosto 08, 2007

PUESTA DE SOL

VEO en un telediario uno de esos reportajillos benevolentes que nos ilustran sobre los simpáticos y variados modos que tiene el prójimo de emplear su tiempo de ocio en verano. Ante éstos, a veces, no puede evitar uno un cierto sentimiento de perplejidad. Pero no hay nada que decir: cada cual es muy libre de emplear su tiempo en lo que quiera, de emocionarse o divertirse con lo que quiera. Sólo que, en ocasiones, no puede uno dejar de pensar que ciertas modalidades del ocio son más bien contraproducentes, y su planteamiento obedece a una clara tergiversación de los buenos sentimientos de los implicados.

El reportajillo en cuestión mostraba a cientos de jóvenes congregados alrededor de un chiringuito levantado con tablas y cajones en uno de los más bellos parajes del litoral gaditano. El establecimiento no sólo se limitaba a servir bebidas: de él también surgía una musiquilla envolvente. Acompasados a ella, los jóvenes (algunos no tanto) disfrutaban de la puesta de sol como si tratase de un espectáculo circense, convenientemente acompañado de acróbatas y saltimbanquis (sus caravanas desvencijadas podían verse a poca distancia de allí), que contribuían con sus cabriolas a darle a la fiesta un cierto sabor entre bohemio y pagano.


Naturalmente, el problema no está en que esa multitud se emocione ante la puesta de sol: también a mí me conmueven ciertas manifestaciones de la naturaleza; sólo que, en mi caso, su disfrute no implica la presencia de un chiringuito que aporte música y bebidas al conjunto, ni la de una multitud que, amén de haber colapsado previamente los accesos con sus coches, con toda seguridad irá dejando sus colillas, sus vasos de plástico e incluso sus excrementos en la playa a lo largo de la noche de fiesta que se inicia bajo tan prometedores auspicios. Más resquemor me produce la evidencia de que el animador de la misma es el dueño del chiringuito; y que, bajo este despliegue de sensiblería naturista, lo que se oculta es un magnífico negocio. Tampoco estoy muy seguro de que la legislación vigente permita plantar un chiringuito en una playa salvaje. Aunque cada día se hace más evidente que los buenos propósitos que animan la legislación rara vez se traducen en actuaciones efectivas para hacerla cumplir.

Más de una vez he llegado a esa playa justo cuando la multitud noctámbula se disponía a abandonarla, ya bien entrada la mañana. La arena está sucia, amasada con una mezcla infame de orines y cerveza. La playa huele como una letrina desbordada. Los últimos supervivientes de la noche, en su condición de vampiros a punto de volatilizarse bajo el sol, miran con malos ojos al tipo recién desayunado que, con su sillita al hombro y su libro bajo el brazo, se dispone simplemente a disfrutar de un día de playa. Sin chiringuito, sin multitudes arrobadas, sin música chill-out… “Lo que se pierde éste”, pensarán.

Publicado ayer martes en Diario de Cádiz

4 comentarios:

David Saltares dijo...

Completamente de acuerdo con tu artículo. Cada vez están colapsando más las playas con chiringuitos y demás parafernalia, aunque lo peor es quienes los llenan: jóvenes (y n o tan jóvenes)frecuenta-botellones con ganas de ingerir alcohol y de llenar de bazofia todo su entorno.
Este artículo es muy apropiado para lo que se nos avecina: la barbacoa del trofeo Carranza... que cruz. He de confesar que yo asisto a dicha celebración, la diferencia está en que al finalizar la velada, mis compañeros y yo, iniciamos el proceso de limpieza (vasos, papeles, envases, carbón, restos orgánicos...), todo es recogido con cuidado de no dejarnos nada en la arena. Pero desde luego, el paisaje es desolador cuando nos disponemos y desalojar la playa y detrás nuestra queda una visión horripilante, la playa se ha convertido en un vertedero. El horror se multiplica para áquellos infelices que, como bien has mencionado, pretenden pasar un día de playa a la mañana siguiente.
Pero... ¿dónde está mi educación que no me he presentado? soy David Saltares y es la primera vez que visualizo tu blog el cual me ha parecido bastante interesante, sobre todo el artículo que estoy comentando. Decir que me pasaré en alguna ocasión por aquí esperando encontrarme artículos igualmente interesantes. Por supuesto puedes dejarte caer por el mío (www.sioncity.wordpress.com)
Saludos.

Anónimo dijo...

Decir todo esto, hoy en día, me parece políticamente incorrecto. Ya verán ustedes como las autoridades competentes (elegidas democráticamente, por supuesto) hacen un esfuerzo por que la barbacoa del Trofeo Carranza y otras zarandajas de la misma guisa se desarrollen adecuadamente, es decir, vasos de pláticos en la arena, trozos de carbón desperdigados; orines y excrementos, pitracos de carne casi cruda, vómitos del morapio mal digerido mezclados, todo ello mezclado en una bahorrina insana de la que darán cumplida cuenta las gaviotas hambrientas.
Esto es ser democráta; participemos, pues, de la fiesta, y dejémonos de quejas más o menos retrogradas. La gente limpia (como el Hombre Blanco de Colón) pasó a la historia. Porquería y mugre al poder.

anonimo 2 dijo...

Hombre, la mugre suele estar ya en el poder.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, debo decir que no me refería a la dichosa barbacoa del Carranza, sino a una conocida playa gaditana que parece haberse convertido últimamente en la meca de la fauna que describo en el artículo. No he querido decir su nombre porque no me gusta utilizar esta plataforma para batallitas particulares demasiado concretas. Pero creo que a los lectores, en general, no les será difícil identificarla.