martes, agosto 28, 2007

UMBRAL

Ha muerto Francisco Umbral. Naturalmente, no todo lo que escribió fue bueno. Incluso se puede decir que mucho de lo que publicó era repetitivo y amanerado, dictado por la servidumbre de la columna diaria. Pero no hay que juzgarlo por los artículos publicados en estos últimos años: fruto, en fin, de darle a la manivela y exprimir las zurrapas del oficio; ni por la época en que, aupado en la cresta de una generación política y socialmente triunfante, las "negritas" de sus columnas eran el barómetro de la popularidad. Se dejó querer por unos y por otros, lo que seguramente alimentó no sólo su vanidad (ingenuamente exhibida en sus apariciones públicas) y su bolsillo, sino también esa amarga decepción que a veces dejaban traslucir sus escritos. De ahí, quizá, esa curiosa tendencia suya a identificarse con otros ganadores-perdedores de este oficio: con González-Ruano, por ejemplo.

No fue escritor de libros, sino de páginas sueltas. Mortal y rosa, por ejemplo, su obra más celebrada, es una amalgama de páginas memorables. Tenía el don del estilo, la habilidad de hacer que cualquier cosa que dijera pareciera obedecer a una inteligencia intuitiva, pronta a identificarse con la del lector y, consiguientemente, a halagarlo. En eso ha tenido más seguidores de lo que se piensa: podría nombrar ahora mismo a una docena de escritores contemporáneos que han intentado cultivar ese mismo registro, consiguiéndolo sólo a medias. Eso, naturalmente, suscita envidias, y no es de extrañar que, en los últimos años de su vida, en su papel de reaccionario esquinado (un papel no más verdadero ni falso, en fin, que cualquiera de los que interpretó a lo largo de su dilatada trayectoria), no gozara de demasiado predicamento entre sus colegas. No hace mucho, en fin, hubo de encajar una de esas biografías "incorrectas" que, generalmente, sólo se les infligen a los muertos, con quienes todo el mundo se atreve. Pero es posible que la autora de esa biografía envenenada lo creyera ya muerto. Yo mismo, en fin, en mi papel de crítico de esa clase de libros en El Cultural, tuve ocasión de romper una lanza a su favor.

Qué menos. Quienes nos dedicamos al columnismo -esa esclavitud y ese vicio- tenemos en él un referente ineludible. A ver quién es el guapo que se lee todo lo que publicó en periódicos -lo mejor, lo más perdurable de su obra- y acierta a ofrecernos una buena selección. Será difícil: para empezar, convendría que ese antólogo ideal no tuviese la menor relación con El País (que le tenía ojeriza) ni con El Mundo (que le ofreció la ocasión de encasillarse en un papel que tampoco era el suyo). Pero esa antología, en fin, sólo será posible dentro de cien años. Y qué columnista (exceptuando el Larra de los libros de texto) goza de tan larga posteridad.

6 comentarios:

Pablo dijo...

Creo que a Umbral la posteridad le tratará bien. Es probable que a su literatura le ayude que él ya no esté defendiéndola. Al fin y al cabo, el personaje es mucho más soportable cuando ha desaparecido, cuando también el forma parte de la ficción.

Por otra parte, quiero felicitarle por el estupendo trabajo que ha hecho con "Lucky Jim". Suelo pasarme por aquí, pero nunca había intervenido. Un saludo muy cordial.

Santi dijo...

También fue columnista de El País desde su fundación. De ahí viene la ojeriza, supongo.

M. dijo...

Bien mirado, fue el último gran personaje literario español. El único 100% escritor. El que murió dictando una columna, pobre, sin que se le entendiese.

conde-duque dijo...

Me entero de su muerte por Internet gracias a Benitez Ariza y a Mabalot. (Estoy en Roma)
No necesito leer los periodicos de tirada nacional.
Y estoy convencido de que es lo mejor que se ha escrito sobre Umbral en estos dias està en estas entradas.
Don Jose Manuel, le invito a leer el post de nuestro amigo Mabalot: es genial.
Un abrazo.
Ciao.

conde-duque dijo...

Y açado tambien el de Manuel Jabois, que acabo de leer. Tambien genial: http://www.manueljabois.blogspot.com/

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Estoy de acuerdo en lo que dicen Jabois (aquí, "m.") y Mabalot. Sí, un escritor que se pasó la vida escribiendo el mismo párrafo. Dicho sea sin intención peyorativa: eso no es ni mejor ni peor que pasarse la vida ecribiendo el mismo poema, o el mismo cuento, o la misma novela.

Se acabaron las vacaciones.