domingo, septiembre 16, 2007

CUMPLEAÑOS

Ordenando cajones, con el propósito declarado de ganar espacio a toda costa, aparece una vieja libreta de mi adolescencia en la que copiaba letras de canciones. Al principio, me niego a tirarla. Pero luego, previendo que habrá que acomodarla en otro cajón para que duerma otro cuarto de siglo, me digo: "Si alguna vez quiero recordar alguna de estas letras, seguro que la encuento en Internet". A la basura con ella. Y ya estoy arrepentido.

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Tres cuarentones en un rincón, sosteniendo nuestras bebidas, en medio de la que, seguramente, será la última garden party de este verano. Cumpleaños de alguien mayor. La fiesta pertenece a los coetáneos del homenajeado, que intercambian chistes privados y cuentan viejas batallitas. En otro extremo del jardín, los hijos de los viejos celebran su propia fiesta, furtiva y silenciosa. Nosotros, los de la generación intermedia, constatamos de nuevo que estamos igualmente fuera de lugar con unos y con otros.

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Y esas seis muchachas marroquíes con las que comparto trayecto en el tren de cercanías. Verdaderas bellezas mediterráneas: narices prominentes, pómulos marcados, ojos negros. Sólo una de ellas viste velo, sobreañadido al terno occidental: tejanos, chaquetilla corta de lana sobre camiseta ajustada. El velo, en medio de este ramillete de caras bonitas, no hace sino singularizar la que quizá sea la más bonita de todas. Lo que seguramente es un detalle que se les escapa a quienes decretan su uso obligatorio.

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