miércoles, septiembre 05, 2007

EL PARAÍSO

Después de una de esas mañanas sin rumbo y más bien descorazonadoras, decidimos gratificarnos un poco y tomar unas cervezas en la calle, en vez de comer en casa.

La primera opción, como suele ocurrir, resulta casi tan deprimente como la mañana previa: uno de esos lugares que podrían estar bien, incluso muy bien; pero que, por una inexplicable serie de dejaciones y descuidos, acaban por resultar bastante decepcionantes. No hay aire acondicionado; y nuestro primer impulso, instalarnos en el patio, es inmediatamente abandonado ante la implacable calima que azota el pavimento y reverbera en las paredes blancas. Lo atienden dos muchachas cuya sola aparición, en otras circunstancias, le habría alegrado la vida a cualquiera; pero que, en este contexto de desidia, denotan más bien la voluntad del dueño de servirse de un personal inexperto y mal pagado. Como uno no sabe todavía, a estas alturas, salir echando pestes de un lugar que no le agrada, tomamos una cerveza por compromiso, pagamos y salimos en busca de algo mejor.

Y lo encontramos, vaya que sí. A pocos pasos de este primer sitio hallamos una cervecería nueva que evoca con acierto el aire de las de antaño: mostrador de geometría imponente, como la cubierta de un acorazado, maderas oscuras, camareros sobrios y adultos, impecablemente uniformados de blanco... Nos instalamos en la barra y miramos la generosa vitrina de entrantes y aperitivos, duplicada en un espejo trasero. A los pocos minutos, nos sentimos de nuevo reconciliados con el mundo, y sólo entonces reparamos en la concurrencia: gente informalmente bien vestida, limpia y perfumada pero un tanto deshabillé; que se expresa con la contundencia necesaria para llenar el fondo de una alegre algarabía humana, no demasiado onerosa ni excluyente. M. oye a uno de ellos emitir, con buen humor, un incontestable veredicto político, referido al actual presidente del gobierno... M. sonríe: "¿Habremos muerto, y será esto el Paraíso?". Es muy posible, en fin, que hayamos dejado el último resuello en la acera castigada por el sol, y que esto sea el premio que merecíamos.

4 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

¡Dirección, queremos nombre y dirección!

Enrique Baltanás dijo...

eso, las señas. Nombre, calle, ciudad..

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Mejor os lo digo en privado, para que nadie me acuse de hacer publicidad. Baste deciros que está en el pueblo donde vivo, y que recoge el nombre y la antorcha de una cervecería histórica de Cádiz, sita en la calle Zorrilla. Si venís por aquí algún día, os invito.

E. G-Máiquez dijo...

Invitación aceptada, y ojo, que yo voy mucho por donde vives...