miércoles, septiembre 19, 2007

EL MECANISMO

La gata perdida de la que hablé el otro día ha aparecido: leo la noticia en un periódico gratuito que me trae M. A. Una compañera de trabajo se la había mostrado, irónicamente, como ejemplo de "noticia importante"; y ella, que estaba al tanto del interés que los carteles de la búsqueda habían despertado en mí, le espetó que, efectivamente, le parecía una noticia importante; más que las que daban cuenta de laúltima promesa demagógica de tal o cual ministro.

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También me manda M. A. -al fin y al cabo, buena parte de su trabajo consiste en hojear la prensa- un suelto sobre un fulano que, literalmente, ha demandado a Dios por los males que permite que sucedan en el mundo. La verdad es que la noticia no me sorprende: la primera reacción de todo creyente -incluso de los ateos que creemos que una cierta lógica causal rige, o debería regir, el mundo- es exigirle cuentas a Dios en cuanto el mecanismo falla; lo que sucede, ay, muy a menudo. Pero lo de llevarlo a los tribunales me parece, como poco, de mal gusto. Puestos a pedir cuentas al Sumo Hacedor, hacerlo al modo de C. S. Lewis en A Grief Observed -Una pena en observación-: no como quien reclama en la casa de muebles por un electrodoméstico roto, sino como quien constata, apenado, que se le ha marchitado una flor, pongo por caso, y que más vale indagar en el sentido secreto de la ley irrevocable que gobierna ése y otros procesos parecidos, antes que perder tiempo y energías en protestar.

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Y, hablando de C. S. Lewis: le refiero a un compañero el final de La silla de plata: a la directora de la odiosa "escuela experimental", como no sirve para su puesto, la nombran inspectora de educación; y como ni siquiera para eso sirve, la llevan al Parlamento, para que no estorbe.