martes, septiembre 18, 2007

EL PIANO

Lo mismo que ahora nos asombramos de las onerosas obligaciones y la clamorosa privación de derechos que padecía la clase trabajadora en otros tiempos, me gusta pensar que llegará una época más feliz de la humanidad en la que las condiciones actuales de trabajo, la agresividad competitiva, el estrés y la falta de control real del propio tiempo se verán como perversiones particulares de nuestro siglo, intolerables extralimitaciones de las atribuciones de jefes y empresarios. Es una fantasía privada, claro, y me imagino que de difícil traslación al terreno de las convicciones políticas e ideológicas. Pensar que el trabajo es básicamente esclavitud, ¿es de derechas o de izquierdas? Hubo un tiempo en que cierta izquierda hizo suya la idea del "derecho a la pereza" (título de una famosa obra de Paul Lafargue). Pero hoy al perezoso lo miran con el mismo recelo los partidarios del capitalismo calvinista que los del socialismo bananero. Y si ese perezoso no es tal, sino alguien que simplemente siente el imperativo de dedicar su tiempo a tareas distintas de las decretadas por las servidumbres del trabajo, entonces es visto como un verdadero delincuente, alguien que escamotea al Estado o a la empresa lo único que éstos pueden aspirar a quitarle: su tiempo. Naturalmente, tanto el Estado como la empresa tienen miles de coartadas para hacerlo, y muchas de ellas gozan de amplia aceptación social. Nadie simpatiza con el funcionario absentista, por ejemplo; pero hay muchísima gente que quisiera ocupar su puesto y tomarse las mismas libertades.

En fin, me temo que empiezo a desbarrar. Uno pondría gustosamente sus fuerzas y su tiempo al servicio de cualquier empresa o departamento que quisiera aprovechar las capacidades que uno cree poseer, y no otras. No ser víctima de esa vieja broma del servicio militar, en la que el sargento pregunta: "¿Quién sabe música?", y al incauto que levanta la mano lo ponen a cargar el piano del coronel.

2 comentarios:

mataberracos dijo...

Yo creo que las izquierdas siempre han glorificado al trabajador,las derechas a los que hacen trabajar. La apologia de la pereza es cosa de los anarquistas.

Portorosa dijo...

Soy un vago, entendiendo por vagancia lo que tú dices: no querer trabajar por obligación en lo que no me gusta. Y a mucha honra, aunque creo que no justifica no cumplir con la obligación.
A mí me gusta distinguir entre vagancia y pereza, como hacía Torrente Ballester sin ningún fundamento semántico: yo soy vago porque no me gusta trabajar, pero no perezoso porque tampoco me suele atraer pasarme el día tirado en un sofá.