viernes, septiembre 21, 2007

LA DELICADEZA

Me consta que Eduardo Galeano es un escritor celoso de su imagen y su papel, y al que le molesta extraordinariamente -más de lo que sus fans de extrema izquierda puedan llegar a imaginar- que lo tomen por una especie de agitador callejero. En una ocasión crucé unas cartas con él: yo le pedía un texto sobre Borges para un número cuasimonográfico de La Ronda del Libro dedicado al entonces recién fallecido autor argentino; y él se excusó y me mandó un extenso ensayo inédito en España sobre los males de América Latina... Fue un modo elegante de soslayar el encargo sin desairar al solicitante, lo que le agradecí (agradezco siempre la delicadeza)... También M. A. lo ha tratado: lo entrevistó una vez, hace años, y fue precisamente en esa entrevista donde el escritor uruguayo le confesó que andaba un poco harto de la peña que arrastraba.

Saco todo esto a colación a propósito de una anécdota que acaban de contarme, sobre una reciente conferencia de este escritor. En el coloquio posterior, al parecer, uno de sus incondicionales levantó la mano y empezó a perorar sobre "el advenimiento al poder de la clase trabajadora" y sobre tales o cuales profecías de Marx... "Vera usted -dijo el uruguayo-: no creo que Marx dijera eso; y, si lo dijo, debió de ser en medio de una borrachera". Como quiera que el pelmazo no se conformó con eso, e intentó reanudar su retahíla, el escritor lo cortó en seco: "Y además, ¿sabe qué le digo? Que no tengo ganas de seguir escuchándolo".

Reconozco que mi admiración por Galeano, más bien tibia, ha subido algunos puntos tras esta anécdota.

7 comentarios:

Antonio de la Nieta-Rhörl dijo...

Me extraña de alguien que parece tan inteligente y medido esa vehemencia ideologica. Ya le he pillado otras veces. Nadie es perfecto o simplemente quiere hacer "curriculum" para alguna tertulia mediática.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Quizá la vehemencia está en ver vehemencia donde no la hay. Galeano, repito, me parece un escritor muy consciente de su papel y de la dicotomía que hay entre su labor estrictamente literaria y la divulgación de sus ideas políticas y sociales. En la entrevista que cito decía, entre otras cosas: "Amo a Cuba desde la disidencia"; y yo siento un enorme respeto por los disidentes; y poco aprecio, la verdad, por el seguidismo político cerril, sea del color que sea.

El pelmazo dijo...

Soy el "pelmazo" que nombras en el texto. Está claro que no estuviste en la conferencia de Galeano. Lo que no tengo tan claro es que tu informador o informadora altere lo que ocurrió en le debate por el interés de sumar adeptos al "estilo delicado de Galeano" lejos de los extremos izquierdos, o simplemente miente como cualquier mentiroso.
Soy el "pelmazo" que intentó y no pudo hacer una pregunta, pues el ponente, con su delicadeza en horas bajas (o altas, según quien pague)decidió que no era correcta.
Para sacar de dudas a tus lectores y a tí también, te diré cual fue la preguntita inconclusa e incontestada.
Leonardo Boff, escribió dos magníficos artículos en el diario Independiente (31 y 14 de mayo de 1991) titulados: Dentro del capitalismo no hay salvación I y II, se entiende que habla de la salvación espiritual en la creen los creyentes, y a partir de estos datos constatados (supongo que no los escribiría borracho, como llegó a atraverse a decir Galeano)quise preguntarle al autor que si el pensaba que dentro del capitalismo había salvación para los políticos que no lo denunciasen. No hubo forma. Galeano tuvo la desfachatez de negar , por ingnorancia o por interés, tal afirmación del teólogo. Es más se burló de su veracidad. Patético. Por supuesto no me dejó terminar la pregunta y se escapó, como hizo en todo el debate.
Podría seguir pero quiero que vuelvan a llamarme pelmazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Hombre, no se tome a mal lo de pelmazo, que no es más que un modo de echarle sal a la anécdota. Gracias por su aclaración, que completa mi comentario. En todo momento, por supuesto, he dejado claro que no estuve presente en dicho acto.

El pelmazo dijo...

Ni mucho menos me tomo a mal lo de pelmazo (mi intervención en ese pseudo debate escapista duró menos de un minuto). Lo que sí me parece muy mal es que se haga público y por escrito algo que es totalmente mentira. Es más, podría afirmar que en el transcurso del debate ni se nombró a Marx, ni se habló del advenimiento de ninguna clase obrera.
Sí puede ser censurable que se tergiverse la realidad para llevar la anécdota a donde a uno le interesa. Eso es poco delicado.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tiene toda la razón, amigo p.; por eso daba ayer la bienvenida a sus aclaraciones. Ya he dicho que cuento la anécdota de oídas: evidentemente, mi informante es tan poco ducho en cuestiones de teología marxista como quien esto escribe. Es cierto que no captó con exactitud la letra de la intervención de usted, pero no me negará que sí que ha captado la música... Eso explica que elija palabras con resonancias religiosas, tales como "advenimiento", donde usted dice "salvación"...

¿Por qué será que ciertas ideologías son tan proclives a eludir la terminología histórica y racional y a salirse por la tangente del misticismo y el mesianismo?

Donde creo que exagera usted es cuando dice que yo "hago públicas" tales o cuales cosas. Este humilde "blog" no es un medio de difusión de masas, amigo p. Esto es sólo un diario personal abierto a unas pocas decenas de amigos; entre los cuales, a partir de hoy mismo, lo incluyo. Sea bienvenido.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Meses después de esta anécdota, transcribo mi apunte para una edición en libro de este cuaderno. La corrijo teniendo en cuenta las puntualizaciones de mi interlocutor. Y queda así:

LA DELICADEZA. Me consta que este E. G. es un escritor celoso de su imagen y su papel, y al que le molesta extraordinariamente –más de lo que sus fans de extrema izquierda puedan llegar a imaginar– que lo tomen por una especie de agitador callejero. En una ocasión crucé unas cartas con él: yo le pedía un texto sobre Borges para un número cuasimonográfico de La Ronda del Libro dedicado al entonces recién fallecido autor argentino; y él se excusó y me mandó un extenso ensayo inédito en España sobre los males de América Latina... Fue un modo elegante de soslayar el encargo sin desairar al solicitante, lo que le agradecí (agradezco siempre la delicadeza)... También M. A. lo ha tratado: lo entrevistó una vez, hace años, y fue precisamente en esa entrevista donde el escritor uruguayo le confesó que andaba un poco harto de la peña de admiradores que arrastraba.
Saco todo esto a colación a propósito de una anécdota que acaban de contarme sobre una reciente conferencia de este escritor. En el coloquio que hubo a continuación, uno de sus incondicionales levantó la mano y, antes de llegar a concretar su pregunta, comentó que el teólogo Leonardo Boff había afirmado que no había salvación dentro del capitalismo... "Vera usted –dijo el uruguayo–: no creo que Leonardo Boff dijera eso; y, si lo dijo, debió de ser en medio de una borrachera". Como quiera que el pelmazo no se conformó con eso, e intentó reanudar su retahíla, el escritor lo cortó en seco: "Y además, ¿sabe qué le digo? Que no tengo ganas de seguir escuchándolo".
Reconozco que mi estima por este escritor, más bien tibia, ha subido algunos puntos.