domingo, septiembre 23, 2007

NOVEDADES

La palabra que más se ha oído en el comienzo del nuevo curso escolar ha sido “novedades”. Se anuncian de todo tipo, a nivel nacional, autonómico, e incluso local. Se estrenan asignaturas, se amplía el horario de otras, cambia algún que otro requisito para pasar de curso o para volver a cursar los cursos no aprobados… Puede que yo sea un pesimista (muchos me lo dicen), y lo vea todo negro. Pero el caso es que, cuando alguien anuncia muchas “novedades”, lo que pienso es que está haciendo un reconocimiento tácito, y casi siempre tardío, de que muchas cosas iban mal. Rectificar es de sabios, dicen. Por eso parece lógico que, si se ha constatado que los escolares españoles, después de pasar un número considerable de años en la institución escolar, no salen familiarizados con las normas básicas por las que se rige una sociedad democrática, se cree una asignatura específica para subsanar esa deficiencia: la que se ha venido a llamar Educación para la Ciudadanía. Que puede ser muy oportuna, no lo niego, pero que viene a confirmar lo que muchos sospechábamos: que la práctica escolar por sí misma, en las circunstancias actuales, es incapaz de transmitir esos valores por la vía del ejemplo y la convivencia.

Lo mismo puede decirse de la gratuidad de los libros de texto: ¿acaso no confirma la impresión de que el viejo (y, a mi entender, más justo) sistema de becas, dirigidas a los alumnos que acreditaban ciertos merecimientos y necesidades, resulta ahora de imposible aplicación? Porque si esas becas, como sucedía hace unos años, sólo se concediesen a quienes aprueban el curso completo, el porcentaje de beneficiarios sería tan exiguo que la incidencia de las mismas resultaría casi imperceptible. De ahí la necesidad de conceder ayudas indiscriminadas, sin exigir nada a cambio.

Pero lo verdaderamente grave de las “novedades” no es, lógicamente, que vengan a subsanar deficiencias. Más grave resulta que, en un cuarto de siglo de democracia, hayamos sido incapaces de ponernos de acuerdo sobre los requisitos mínimos de la educación que queremos dar a nuestros hijos. Ha habido hasta cuatro marcos legales distintos, y todos han sufrido, desde el momento mismo de su implantación, toda clase de reajustes y rectificaciones. Puede decirse que, en estos veinticinco años, ningún estudiante español ha completado su ciclo de estudios sin haber conocido cambios en detalles tan significativos como el número de suspensos con los que se puede pasar de curso o la composición del currículo de materias.

Bienvenidas sean las novedades, en fin, si son para bien. Pero ojalá quienes empiezan esta semana su andadura escolar no conozcan tantas como sus predecesores, y sepan a qué atenerse, y transmitan a otros la impresión de que la escuela, con sus defectos y virtudes, es quizá la única institución articuladora que le queda a esta sociedad.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

1 comentario:

Enrique Baltanás dijo...

Buen artículo. Completamente de acuerdo en todo salvo en esto: la única institución articuladora que le queda a esta sociedad es...la televisión.
Y aun pronto dejará de serlo (tv a la carta).