miércoles, septiembre 12, 2007

RECOMPENSA

Nada más deprimente que el optimismo injustificado, esa modalidad del voluntarismo que desestima, en un gesto aparentemente amable y conciliador, la posibilidad del descontento y la crítica. Y qué sospechoso resulta cuando, además, supone un puntal a favor de ciertas situaciones abiertamente injustas. Esa modalidad del optimismo que actúa como una consigna para acallar al oponente.

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Tras escuchar un informativo. La sensación de que la práctica totalidad de la clase política de este país, y una parte considerable de los dirigentes económicos, sociales e intelectuales, se pasan la vida promoviendo la discusión de estupideces.

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Y una fotocopia que apareció esta mañana pegada en todas las paredes del barrio: una gata que se ha perdido; muy parecida, por cierto, a la nuestra... El esfuerzo, la paciencia de haber fijado todos y cada uno de estos carteles con cuatro tiras de cinta adhesiva, seguramente entre dos personas: una que sujetaba y otra que cortaba, en lo que parece un largo y desesperanzado periplo. La cualidad absolutamente intransferible de esa modesta catástrofe doméstica, incapaz de conmover a terceros. La irrelevancia, incluso, de la promesa incluida en el cartel: "Se ofrecerá recompensa". Ni siquiera los gamberros, que nunca faltan, se han ocupado de arrancarlos.

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