sábado, septiembre 15, 2007

TURBULENCIAS

El presidente del gobierno dice que España está preparada para resistir las turbulencias económicas que vendrán como consecuencia de la crisis del mercado hipotecario en Estados Unidos… Hablamos en metáfora casi sin darnos cuenta, e igualmente nos sometemos a un continuo bombardeo de mensajes metafóricos sin haber tomado las más mínimas precauciones. Por ello, nadie debe extrañarse de que los avatares de la economía nos parezcan tan naturales e inevitables como las turbulencias meteorológicas. No sé si es eso lo que el presidente del gobierno ha querido dar a entender: que los fenómenos económicos y financieros no se deben a decisiones concretas de hombres concretos, sino a indeterminadas series de trastornos que acaecen en alguna remota capa superior de la atmósfera.

Pero ya sabemos que ni siquiera la meteorología está totalmente desprovista de relación con lo que hacemos los habitantes del planeta: nuestros humos, nuestras talas masivas de árboles, etc. influyen poderosamente en que llueva más o menos, o lo haga de un modo más o menos torrencial, o las aguas arrastren consigo una mayor o menor cantidad de agentes tóxicos. Lo mismo ocurre con la economía. Contribuye uno con sus pequeñas expansiones (no sé, una cena íntima con su novia, o una escapada a las Maldivas) a las fases optimistas del ciclo económico… Y, a la inversa, cada vez que dudamos sobre la conveniencia o no de cambiar de coche, o renunciamos a un gasto superfluo, o reconocemos, en fin, que el presupuesto familiar no da para más, estamos dando carta de naturaleza a uno de esos periodos recesivos en los que la vida parece achicarse, y lo más sensato es pasear con las manos en los bolsillos, sin gastar un duro.

Seguramente la economía responde en gran medida a estos estados de ánimo fluctuantes. El mercado hipotecario americano está en crisis, entiendo, porque, de un día para otro, lo que parecía un negocio seguro (conceder créditos a troche y moche, en la seguridad de que los beneficiarios iban a devolverlos) ya no lo parece tanto. Se ha corrido la voz, y empieza a sucederse la consabida cadena de cierres y quiebras, y lo que ayer valía millones ya hoy no vale nada.

No, seguramente el presidente bien poco puede hacer para ponernos a resguardo de esta tormenta anímica. Por eso se limita a formular votos bienintencionados sobre la solidez del sistema, como el hombre de la calle, a la vista de un temporal, comprueba los cierres de sus ventanas y la solidez del tejado y se dice que muy mal tendrían que venir dadas para que esos cristales y esas tejas no resistieran el empuje del viento y el agua. En eso confiamos. Luego llega el temporal y lo trastoca todo. Pero justo cuando uno se recupera del golpe y empieza a ser consciente de su ruina, los telediarios dan en decir que hemos entrado en una nueva fase de crecimiento económico…

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

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