martes, septiembre 25, 2007

UN BLANCO MEJOR

He perdido un reloj, he perdido unas llaves, he perdido un bolígrafo, he salido de casa sin la cartera... Y todos estos olvidos y despistes, a cambio de no poder quitarme de la cabeza las dos o tres preocupaciones de las que, de verdad, me gustaría desembarazarme. Esta necesidad de vaciar los armarios, como cuando llega el invierno y hay que sacar los abrigos y las mantas y ponerlos a ventilar.

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He leído que, en un experimento consistente en hacer que un cierto número de parejas formadas al azar se mirasen a los ojos durante unos minutos, un buen número de ellas desarrolló una evidente dependencia afectiva mutua, que algunas incluso convirtieron en una relación sentimental duradera.

El peligro de mirar a los ojos. Por eso preferimos mirar otras cosas, si las hay y están de buen ver.

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Un chico de doce años me muestra, admirado, el comienzo de un conocido soneto de Villamediana. El efectismo de los versos, sin duda, ha facilitado que llamen la atención del chaval. Pero, con todo, no deja de asombrarnos que la poesía siga tendiendo estas discretas celadas a ciertas víctimas propicias; y que éstas, más que precaverse de futuros ataques, hagan todo lo posible por ofrecer, si cabe, un blanco mejor.

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