lunes, septiembre 03, 2007

UNA TARDE CUALQUIERA

Lo mejor es acudir a estos sitios sin ideas preconcebidas ni demasiado ambiciosas. Eso, inevitablemente, conduce a la decepción. Lo mejor es ir directamenta a uno de esos departamentos bien abastecidos de nimiedades que tengan su intríngulis: por ejemplo, la sección de herramientas, o de pinturas. Uno podría pasarse horas estudiando los distintos tipos de barnices y decapantes, o admirando la amplísima gama disponible de destornilladores. Pero lo mejor viene cuando a uno le entra hambre y acude a la cafetería, o al bar de comida rápida, o a la barra de tapas, o a la bocadillería; y luego entra en uno de esos magníficos cuartos de baño llenos de espejos, de secadores, de surtidores de jabón, y atendidos por una señora solícita que borra tus huellas con una mopa húmeda que huele a lejía. Podrías ir luego al quiosco de prensa, a ojear impunemente una decena de periódicos que no piensas comprar, o a la sección de libros, y leer, con gesto de asombro e incomprensión, la primera página de los diez más vendidos. Luego miras el reloj: ha pasado la tarde. En la mano llevas una bolsa con un juego de brocas, un tubo de silicona, un kit de bolígrafos de distintos colores. La ansiedad casi ha desaparecido. Ya puedes volver a casa.

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