domingo, octubre 14, 2007

K.

En las carreteras estrechas la humanidad se divide en dos categorías: la de quienes avanzamos pegados a la cuneta, para dejar pasar a los que vienen en sentido contrario, y la de quienes van tranquilamente por el centro de la calzada, confiando en que quienes vengan de frente se pegarán cuanto puedan a la cuneta... Ni que decir tiene que cada uno de estos grupos tiene muy mala opinión del otro; pero la verdad es que se complementan perfectamente.

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Para rematar el día, vemos Más allá del Edén, una de las bobadas nihilistas del sobrevalorado fotógrafo y desnortado cineasta Larry Clark. Mientras, la gata K. persigue una sombra que, de vez en cuando, cruza por delante de la pantalla. Por fin se posa en ella: es una polilla. K. se sube a la mesita del televisor y trata de atraparla, pero el centelleo de la pantalla la desconcierta, y sólo acierta a alargar zarpazos temerosos, que no consiguen inmutar al insecto. Me acerco al televisor, hago resorte con los dedos y le suelto al bichejo un golpe seco, para atontarlo. Cae en las garras de la gata, dejando en la pantalla unas motas de polvillo parduzco sobre la cara abotargada de Melanie Griffith. Luego la gata adopta extrañas posturas sobre la alfombra, como al acecho de una segunda mariposa que, me temo, esta vez sólo vuela en su imaginación. Es como si también ella viera su propia película, ajustada a las exigencias de sus instintos más elementales; igual que la que vemos nosotros, ay, con su trasnochado cóctel de sexo, drogas y rock-n-roll, parece ajustarse a los nuestros. (Los instintos, en contra de lo que algunos piensan, siempre van un poco atrasados con respecto a la edad real de uno.)

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La primera vez que encedemos fuego después del verano la chimenea parece desperezarse.