miércoles, octubre 10, 2007

LA VERDADERA FIESTA

(A las siete) A esta hora sólo hay vida en los alrededores de la plaza de abastos. No es que no haya gente en otro sitios. Pero no puede decirse que estén precisamente vivos. Quienes venían conmigo en el autobús, por ejemplo: todos callados, pensativos, obscuri sub nocte sola. Incluso las mujeres parecían un tanto apagadas: llevaban encima sus abalorios, lucían sus escotes, exhalaban sus perfumes; pero todo esto parecía, a esa hora, como esos disfraces que se ven a destiempo en carnavales, cuando la gente pasa por la calle con ellos en dirección al lugar donde empezará más tarde la verdadera fiesta.

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Este hombre no piensa: suda. Y el sudor es su discurso.

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Esas noches en que el viento finge tormentas que, cuando abres la ventana, ves que no han tenido lugar más que en tu imaginación.

3 comentarios:

conde-duque dijo...

El señor del autobús, los escotes de las siete, el discurso del sudor, las tormentas imaginarias...
Don Ariza, últimamente está sembrao. Un aplauso y un saludo de este su fan.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Se agradece, amigo conde. No por merecido, sino por ser la señal de que hay vida (ya que hablábamos de ello) al otro lado.

Anónimo dijo...

Interesamos una traducción de Kipling. Nos puede escribir a:
weida.ruiz@ediciones-smpr.com