miércoles, octubre 17, 2007

NO SÉ EXPLICARLO

A propósito de lo que decíamos ayer: tal vez ser un autor "poco dotado para la novela", como decía Sanz Villanueva de Juan José Millás, no sea exactamente un demérito, sino una simple inadecuación entre vocación y exigencias del mercado. Y juzgar a un escritor por no estar a la altura de esas exigencias sería tan injusto como restarle méritos a un buen cocinero porque no sabe preparar una cena para trescientas personas. No quiero decir con ello que entre quienes preparan cenas multitudinarias no haya excelentes cocineros; pero lo que está claro es que también puede haberlos que no dominen los secretos y técnicas de la cocina industrial.

Tampoco quiero decir que todas las novelas que se escriben respondan a esas intenciones y expectativas. Pero sí que las editoriales, en general, se sienten más cómodas con cierto tipo de novela más o menos convencional; y que incluso los editores que blasonan de una alta exigencia literaria, en realidad lo que buscan es buen estilo puesto al servicio de productos más o menos digeribles. No quieren ni oír hablar de eso que algunos historiadores de la literatura de transición entre los siglos XIX y XX llamaban "novela subjetiva" o, con notoria inexactitud, "novela poética"; es decir, la novela personal, emancipada del despliegue escénico y retórico de la gran novela realista decimonónica, y en la que el punto de vista del narrador omnisciente se sustituye por una voz mucho más cercana y confidencial, en la que el narrador ficticio y el verdadero se funden y confunden. Un producto literario que, sin dejar de ser novela, puede ser apreciado y disfrutado por los degustadores de la buena prosa y del pensamiento lúcido, y por quienes gustan de los primores de la brevedad...

(No sé explicarlo mejor.)

¿Qué suerte correrían hoy las "novelas" de Azorín? ¿Y las de Baroja? ¿Qué hueco conseguirían abrirse en el mercado obras como Fermina Márquez o Elena o el mar del verano? Ésa es la verdadera cuestión.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Se explica usted estupendamente. Muchos son los que gustan de esas llamadas "novelas poéticas". Entre esos muchos, me incluyo.
Resistamos.

Gonzalo dijo...

No he leído Fermina Márquez; sí Elena o el mar del verano, que recuerdo más que otras muchas. Pero no le veo mucho problema. Hay cocina de cada día, cocina buena de cada día, cocina de calidad, cocina extraordinaria... y el McDonalds está lleno. Es una cuestión de lo que unos buscan y lo que otros ofrecen. La mayoría de lectores no busca una literatura que lo haga reflexionar aunque, como moderador de un club de lectura rural, sé que hay todo un grupo de lectores que agradece que los empujen a un esfuerzo. Pero el margen es estrecho. La mayoría de lectores se sentirían empujados a las vías del metro...

Me entra una duda: ¿Azorín vivía de sus escritos? No lo sé. Lo tengo por un polígrafo, que iba de aquí allá, y quizá vivía de las letras, pero ¿de sus novelas? Y es que no tengo muy claro que el tiempo pasado fuera mejor. Hoy hay más lectores y, con eso, más oportunidades. Antaño, o te dejaban sentarte a la mesa de los caciques de la lectura, o estaban en el grupo o los grupos que cortaban el pastel, o no eras nadie. Hoy, con internet, con la edición personal, con las editoriales pequeñas, creo que hay más libertad que antes para escribir a gusto y tener cada cual sus lectores.

(Doctor, tengo un ataque de optimismo, ¿es grave?...)

Pasitos de bebe dijo...

Azorin, vivía de sus escritos, pero los escritos periodísticos, por sus nvelas no se caracterizaba justamente...aunque le ponia mucha Voluntad, en fin, estoy con Gonzalo, desde mi pobre experiencía editorial hoy en día es más fácil, aunque la pela sigue siendo la pela
Saludos

José Manuel Benítez Ariza dijo...

A mí, qué quieren que les diga, me gusta toda la trilogía inicial de Azorín: (La voluntad, Antonio Azorín y, sobre todo, Confesiones de un pequeño filósofo. Creo que abrieron un camino interesante en la novela española, y todavía encuentra uno obras que están en esa tradición: La propiedad del paraíso, de Felipe Benítez Reyes, por ejemplo (que, curiosamente, es una de sus novelas menos conocidas).

Comparto los motivos de "optimismo" de Gonzalo, pero eso no es óbice para no constatar la preocupante tendencia a la uniformidad que se observa en la narrativa española, y que empieza a afectar incluso a las pocas editoriales que, en otro tiempo, tuvieron la audacia de ofrecer algo distinto.

conde-duque dijo...

Sí, ¡qué grande el pequeño filósofo! Esa miniatura de Azorín me la he leído tantas veces, por la noche, en la cama, con las sábanas hasta la nuca. Qué placer...

Gonzalo dijo...

Las Confesiones también es mi libro favorito de Azorín, del Azorín novelista, aunque en realidad, poco se me parece a una novela. Quizá necesitaría otro nombre, pero ahí estamos, en que no es nada fácil de explicar...