viernes, octubre 05, 2007

RANAS TRANSPARENTES

Un equipo de científicos de la universidad de Hiroshima, leo, ha conseguido crear una rana transparente. A través de la piel del pobre bicho pueden verse sus órganos internos y observarse sus funciones vitales. El siguiente paso, dicen, será dotar a este animal de proteínas fluorescentes, que brillen en la oscuridad… Debo advertir, antes de continuar, que siempre he seguido con curiosidad los logros de los muchos émulos del doctor Frankenstein que campan en los medios científicos contemporáneos. Las noticias que deparan lo mismo me ilusionan que me entristecen, según. A veces parece claro que, más pronto que tarde, los autores de estas llamativas manipulaciones llegarán a doblegar los grandes males que afligen a la humanidad; que acabarán con el cáncer, el sida y otras graves enfermedades; y que lograrán, incluso, arrojar alguna luz sobre lo que ocurre en esa penumbra que unos llaman “alma” y otros, más redichos (por eso de recurrir a un término griego), simplemente “psique”. Aunque las más de las veces lo que estos magos de la ciencia proporcionan a este distraído articulista es alguna que otra metáfora sobre cuestiones que, sin su oportuno concurso, no encontrarían su vía para salir en las páginas de opinión de los diarios.

Pero hablábamos de “la transparencia, Dios, la transparencia”, como decía el poeta, refiriéndose sin duda al aire limpio y a los horizontes despejados, y no al triste espectáculo de las vísceras entregadas a su indiscreto runrún… Pienso ahora en cuánto cohíbe a un tímido la mera sospecha de que los movimientos de sus tripas sean perceptibles, o meramente audibles, desde el exterior: imagínense si lo visible o audible fuera el borboteo de los pensamientos; si fueran nuestras ideas y sentimientos los que brillasen como partículas fluorescentes a través de nuestros cráneos cristalinos.

Y es que hay algo del implacable signo de los tiempos en estas ranas transparentes. Pienso en esos chicos de barriada que se desviven por salir en esos programas de televisión consistentes en vivir a la vista de todo el mundo, en dejar que miles de ojos espíen tus posturas descuidadas en el sofá o tu modo de rascarte la rabadilla: si a alguno le ofrecieran una buena suma por dejar que le aclararan la piel hasta volverla traslúcida, es muy posible que aceptara.

Pero ya sé que exagero. El desenlace más probable de este curioso logro científico será, me imagino, que dentro de unos meses podremos comprar ranas transparentes para que los niños jueguen con ellas. Y que éstos, observándolas, aprenderán a relacionar los movimientos metabólicos con los estados de ánimo del animal, y a sacar las conclusiones pertinentes. Y dirán: “Mira, la rana se ha puesto de mal humor porque no consigue digerir ese moscardón; como papá cuando no…” (y aquí cada uno pondrá lo que mejor responda a las amplísimas leyes de la analogía).

Publicado el martes en Diario de Cádiz

4 comentarios:

Manuel dijo...

Asomarse a este blog es como sentarse en una colina para mirar tu pueblo. Otra manera de ver las cosas. Muy bueno.

Counter-Revolutionary dijo...

Aquí entramos en una vieja disputa ciencia-trascendencia (eventualmente religión) que, ciñéndonos al tema, y puesto de modo breve sería: Evidentemente, hay una manifestación físico-química de la conciencia, pero también, si hubiese un espíritu, y una comunicación del espíritu con el cuerpo, habría esta plasmación, en los órganos del cuerpo, entonces ¿dice algo más de lo que dice por sí misma esta manifestación? El otro día Arcadi Espada -muy interesante en otros temas- decía que podemos decretar la muerte de Dios porque, sobre argumentos científicos, conócemos más sobre Dios que Hume, Kant o Rousseau, que decidieron abstenerse. Ahora bien ¿lo empírico puede conocer de lo no empírico? ¿Se puede conocer más de algo que no cabe saber, sino sólo creer? Creo que los muchachos sólo podrían llegar a ver las interacciones de sus nervios y neuronas, pero no los pensamientos, sentimientos o emociones que hubiesen detrás de ellos.

JSV dijo...

El otro día le daba vueltas a estas palabras de Julio Ramón Ribeyro:

"Mi error ha consistido en haber querido observar la entraña de las cosas, olvidando el precepto de Joubert: "Cuídate de husmear bajo los cimientos". Como el niño con el juguete que se rompe, no descubro bajo la forma admirable más que el vil mecanismo. Y al mismo tiempo que descompongo el objeto destruyo la ilusión".

Pero, al parecer, ya ni siquiera hace falta romper el "juguete" para que el misterio desaparezca...

Counter-Revolutionary dijo...

La cuestión es que creo que, en vez de desvelar el misterio, lo hará todavía más misterioso.