martes, octubre 02, 2007

SABOTAJES

(Para una teoría del sabotaje) Lo que quizá no dejó del todo claro Larra en "Vuelva usted mañana" es que la desidia burocrática es, ante todo, un acto de afirmación de poder. El de la ventanilla no hace más que proyectar sobre el público las mismas demoras puramente coercitivas que, seguramente, le aplica a él su propio jefe de negociado. Y así gira el mecanismo, seguro de que ningún particular es lo bastante fuerte para introducir un poco de arena en su engranaje. Ni siquiera si el particular pertenece al propio engranaje y sabe perfectamente cuáles son sus puntos débiles.

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No me cabe la menor duda de que a K., la gata, le produce una gran alegría verme cuando vuelvo del trabajo. Lo que no entiendo muy bien es su modo de manifestar su alegría: primero, a saltitos tras de mí; luego, dejándose acariciar la barriga, para, después, devolverme la caricia en forma de lametones y mordiscos no siempre inocuos. Termina acechándome desde las esquinas de algún mueble, como si yo fuera un bicho grande al que ella, después de todo, se siente capaz de dar caza.

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Byron en Grecia: la candidez, el sumo desvalimiento del megalómano; con el dolor añadido que presta la lucidez.

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Después de todo, es de agradecer esta cualidad de cosa soñada que la fiebre moderada y persistente (como la que sufrían, imagino, los tísicos de antes) añade a la realidad.

5 comentarios:

Manuel G dijo...

Creo que nada mejor para ese engranaje que un poco de persuasión. Carece de mérito, pero es muy efectiva.

Portorosa dijo...

Creo que la única posibilidad (en caso de no conocer al funcionario, claro, porque eso ya lo cambia todo) de conseguir un trato mejor es "personalizar" el contacto: hablarle de alguien que él conozca, o de su pelo, o de su ropa, o halagarlo por algo que se le está viendo hacer, etc. Cuando dejas de ser uno más, su actitud es otra. Hablamos de España.

Es un verdadero placer empezar la jornada laboral leyéndote.

Un saludo.

Hardyl dijo...

No creo que, en general, sea un problema de jefes. Se trata de la venganza de un débil (mental) con poder (de fastidiar).

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No sé si recuerdan que hace unos meses se publicó una noticia que decía que donde más acoso laboral hay es en la administración. Creo que esa violencia burocrática es parte de una manera particular de entender el ejercicio del poder, y la padecemos todos. Los primeros, los funcionarios.

Portorosa dijo...

Yo sí había leído eso, y, de verdad, no me lo creo.
Ese dato siempre me ha parecido el resultado de que los funcionarios eran los únicos que se atrevían a quejarse, a denunciar, a protestar. Porque con ellos no hay posibilidad de vengarse, no tienen nada que temer. El resto no osa decir esta boca es mía, a no ser que estén ya en una situación insostenible.
Incluso diré más: que los funcionarios están muy mimados; y no hay niño que más se queje que el mimado.

(Y trabajo rodeado de funcionarios)

Un saludo.