martes, octubre 30, 2007

PÁGINA EN BLANCO

Seguramente la página en blanco (o su equivalente contemporáneo, la pantalla en blanco) tiene más prestigio del que merece: ante ella, se supone, la mente del escritor experimenta ciertas innominadas expansiones, que se traducen en una súbita explosión verbal. Pero la pantalla en blanco (o su arcaico predecesor, el folio) las más de las veces no es más que un espejo, que refleja el vacío de la mente a ella enfrentada. Cuántas hinchazones de vanidad creativa no se desinflan ante ella. Cuántos insomnios poblados de verborrea circular no quedan en nada en cuanto uno se levanta y se dispone a traspasar a la superficie blanca el discurso que le quita el sueño. Y lo peor de todo: la mera pretensión de tener una conciencia siempre alerta, cargada de razones y argumentos, qué desacreditada queda ante la constatación de impotencia que supone no tener nada que decir.

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A ciertas personas les basta un acento levemente distinto, la apariencia de haber frecuentado otros aires, o la mera necesidad de haber ocupado los años que anteceden en cosas diferentes a las que ahora las traen a tu entorno, para ofrecer el espectáculo siempre inquietante de ir por el mundo arrastrando un pasado cancelado por no se sabe qué misteriosas razones. A algunos esto les sienta bien: les proporciona un aire de misterio. Pero a otros, inevitablemente, les presta una desalentadora apariencia de derrotados, de meros supervivientes de alguna batalla perdida no se sabe dónde.

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Un control policial. Las caras cariacontecidas de todos esos conductores pillados en faltas leves. La actitud general de sumisión. ¿Estos son los que habitualmente hacen gestos airados ante la menor contrariedad? Qué calladitos, qué complacientes, qué colaboradores. Qué necesaria esta ficción de obediencia, en un mundo donde todos obramos a nuestro antojo (o creemos hacerlo) dentro de nuestras burbujas autosuficientes.

2 comentarios:

Santi dijo...

Abundando en la primera idea, "el escritor es escritor en tanto escribe. Si no escribe no es escritor. El escritor, igual que el labrador, es un superviviente. El escritor y el labrador comparten unos cuantos secretos. El mundo se divide entre quienes plantan el maíz y quienes lo pisan. El silencio de la tierra, el papel en blanco, prueban quién vale y quién no vale". Lo dice Manuel Rivas, y me gusta corroborarlo.

Manuel dijo...

Sucede a veces que los personajes acuden a ti para susurrarte y te espantan el sueño. Quizá esten tan vivos que nos sorprendan al quyerer escapar de la suerte que les tenemos reservada. A esas horas el que no debería existir para nada es uno. Menos mal que nunca olvido los consejos de mis persoajes, están ahí para recordarmelos.