miércoles, noviembre 07, 2007

CAMBIO DE LUZ (Cuaderno de Santander, 4)

Qué distinta nuestra actitud y nuestras expectativas cuando entramos en una librería de viejo y cuando lo hacemos en una "normal". En la segunda somos, simplemente, clientes. Si paseamos entre los expositores y estantes, es sólo porque damos por sentado que ciertos comercios (también los "bazares" de baratijas, por ejemplo) ofrecen, además de la mercancía, el servicio adicional de procurarnos una distracción, proporcionarnos un refugio contra el frío y la intemperie, depararnos un escenario para ese personaje metódico y vagamente peripatético que damos en representar cuando paseamos solos, con tiempo por delante. Pero en las de viejo sucede todo lo contrario. Cierta hosquedad de ambiente y trato les sienta bien. Y no acudimos a ellas a comprar, sino, más bien, a rastrear la pieza y, si merece la pena, cobrarla y echarla al zurrón.

Entre las cobradas hoy en esta librería santanderina, Roque Six, de López Rubio. Hay que decir que uno de los requisitos que debe reunir un libro viejo para que merezca la pena cazarlo es que su lectura no contribuya lo más mínimo a sacarnos de ese limbo al que estamos condenados quienes leemos lo que casi nadie lee. Y no por un prurito de exquisitez o vanidad, sino, más bien, por un sentimiento de muy distinto signo: la piedad, diríamos, que sentimos ante lo que nos parece injustamente condenado al olvido. Una piedad que, en el fondo, es como esa caridad bien entendida, dicen, que empieza con uno mismo.

***

Ya se han ido todos. Y esta soledad sobrevenida al filo del atardecer es como el cambio de luz: algo que se constata con la vista, pero que se siente, más bien, en lo hondo del pecho.

***

Mañana, el regreso. En la maleta, ropa sucia, folletos turísticos, facturas, libros viejos. El poso de irrealidad que dejan los viajes.

3 comentarios:

Counter-Revolutionary dijo...

También se puede acudir a las librerías de viejo sin una intención tan museística. Yo, personalmente, compro un 99,9% de mis libros en librerías de viejo, sin mirar si son más o menos raros. Simplemente, los libros que en general me interesan. En las librerías de viejo no todo son libros "viejos", sino, más bien, de segunda mano, incluso a veces de liquidación de fondos. Hay libros del siglo XIX y libros de los años 90, incluso de los años 2000.

¿Por qué, en mi caso, la asiduidad a las librerías de viejo?

1-Son considerablemente más económicas.

2-Permite huir de novedades, re-entradas y demás.

3-Encuentras cosas, no necesariamente raras o viejas, pero que no cuentan con edición reciente.

Me permito desde aquí recomendar www.parisvalencia.com, París-Valencia, librería a la que llevo mucho tiempo comprando, a partir de los catálogos que en Internet tiene en su sección de catálogo de agotados. También compro en otras, pero esta es la principal, y es muy económica. Es una pequeña cadena de cuatro o cinco librerías, de excelente trato, que venden tanto libro nuevo como viejo, y que creo que todo valenciano, más si está interesado por los libros, conoce. (Se puede pedir por correo).

Anónimo dijo...

Excelente poema:

CASA EN CONSTRUCCIÓN

Huele a papel mojado y a paredes
sin repellar y a tierra fresca. Huele
a escondrijo de arañas y a polvo de ladrillo,
y a lugar donde el aire de la calle
se estanca en un silencio de casa desahuciada.
Hay sacos sin abrir que pesan como un muerto,
y otros que se desangran en remansos
de harina que conservan
la huella de una suela, las pisadas de un gato.

Pasamos muy despacio, sin querer molestar.

Aquí la cama grande, aquí los libros,
aquí el cuadro del barco en la tormenta,
aquí la mesa oscura, la reunión
de amigos congregados en la disposición
acogedora de las sillas,
el sofá para dos y su silencio
de tardes arrastradas.

Salimos por el hueco de una puerta.

Es como si ya hubieran pasado muchos años.

Ya ni siquiera el viento se molesta en entrar.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tomo nota de esa librería. Cierto que quienes frecuentamos las librerías de viejo no lo hacemos sólo en busca de libros "raros, agotados o curiosos", sino también en busca de saldos, que los hay, y buenos. Ese mercado no es desdeñable. De hecho, he oído decir a algunos editores que sería deseable que en España hubiera una buena red de librerías de saldo, como, dicen, la hay en Italia, por ejemplo. Eso permitiría una segunda vida a los libros que salen derrotados de la dura batalla por mantenerse en la mesa de novedades.