martes, noviembre 27, 2007

FOSA COMÚN

Esas energías que se sacan del desánimo, y que te sirven para mostrarte diligente, activo, cuando tienes la íntima convicción de que toda esa diligencia y actividad no van a servir para nada... O, mejor dicho, que sólo sirven para una cosa: para demostrarte a ti mismo que sigues ahí...

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J. me da una caja de libros para la biblioteca del centro donde trabajo. No los he mirado aún: no experimento la curiosidad de otras veces. Bregar demasiado con libros puede tener estos efectos secundarios: verlos como morralla (lo que son, ay, en demasiadas ocasiones, cuando se presentan como montón informe de descartes y desechos); o, peor aún: como algo intermedio entre la morralla y lo aprovechable; algo que, sólo con infinita desgana y resignación, podría interesar a alguien, pero no tan claramente desdeñable como para despacharlos al basurero sin más.

(La sensación contraria: cuando, en medio de una de estas fosas comunes de libros aparece uno vivito y coleando, que reclama de inmediato un puesto entre los mejores, y te atrapa, y se convierte en insustituible.)

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Llevas veinte años viéndolos. Quizá por eso ya la imagen de muchos de ellos es como un papel muy gastado, que deja ver lo que hay detrás.

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