miércoles, noviembre 28, 2007

HABAS

Al igual que El bucle melancólico, de Juaristi, el libro de Enrique Baltanás culmina con la constatación de la curiosa "mutación genética" (p. 11) que experimentan los loci literarios para convertirse en argumentos y justificaciones de un programa político: en este caso, cómo la llamada "materia de Andalucía", gestada en las literaturas europeas de los siglos XIX y principios del XX, se convierte en testimonio tangible de ese pasado más o menos mítico a cuya restauración propende un nacionalismo en permanente pugna con la modernidad.

La conclusión podría ser: en todas partes cuecen habas, y las habas andaluzas no son, a estos efectos, menos indigestas que las vizcaínas. Especialmente curiosa resulta la indagación de Baltanás en algunos textos primigenios del nacionalismo andaluz: cómo éste, al igual que otros, incurre en el irredentismo, en este caso de ciertos territorios limítrofes a las actuales ocho provincias andaluzas, tales como Badajoz, algunas zonas de la Mancha, la región murciana, el norte de Marruecos y... ¡las islas Canarias! Lo curioso es que los actuales símbolos de la comunidad autónoma andaluza -la bandera blanca y verde (blanca por el Magreb, verde por la Andalucía ibérica), o el escudo con Hércules entre las dos columnas- aluden explícitamente a este delirante programa expansionista por dos continentes.

Y todo empezó, nos dice Baltanás, con las inocentes fábulas de amores entre cristianos y andalusíes que pergeñó Chateaubriand.

1 comentario:

Enrique Baltanás dijo...

Gracias por el eco. Mi tesis tampoco es muy original: la vida imita al arte. Anque de forma bastante tosca.