lunes, noviembre 19, 2007

OBEDIENTE

A veces, la simple convocatoria de una cena de empresa suena a llamamiento totalitario.

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Estos dos guardias municipales, ella y él, interpretando entre los dos su coreografía entre cómica y absurda. Se me acerca primero ella y me pide que avance unos metros, porque estorbo. Resulta que me lo dice justo mientras aviso por el teléfono móvil a la persona que tiene que bajar a recoger el bulto que he venido a traer. Obedezco ( soy una persona obediente). Y es entonces cuando interviene el otro (él) para decirme que no se debe hablar por teléfono mientras se conduce, so pena de multa.

Y todo se debe, en fin, a que el trozo de acera para carga y descarga que hay frente a este edificio público está ocupado por... el coche patrulla.

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Sientes que el libro se te acabe. Pero renuncias de antemano a volverlo a leer desde el principio. No ahora, al menos. Y es que hay placeres que no admiten repetición.

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