martes, noviembre 06, 2007

SE ME OLVIDABA (Cuaderno de Santander, 3)

Olvide ayer anotar lo de las dos camareras, rubia y morena, como la buena y la mala de las películas. La buena -la rubia- atendía a todo el mundo con una solicitud maternal algo empalagosa. A quien dejaba un bocado en el plato lo animaba a comérselo: "Ande, que está usted muy flaco". A quien dejaba el plato limpio lo animaba a repetir, con un afán por cebar a su clientela digno de la más solícita de las madres. La otra se limitaba a cumplir su trabajo con fría eficiencia y distante cortesía. A veces se repartían los papeles. La rubia te sonsacaba para que pidieras un postre y la morena te ponía por delante, a los pocos minutos, la tajada de melón más artísticamente cortada del mundo. O le pedías la cuenta a la buena y era la mala la que te la llevaba y recogía, sin mirarlas, las monedas que habías dejado de propina, no sabes a cuál de las dos: si a la que, a poco que te descuides, te llevará al altar en cuanto acabe la guerra con los indios, o a la que te despedirá sin más contemplaciones, pero con una inolvidable sonrisa, en cuanto reemprendas el galope hacia el horizonte.


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Cuando uno come solo, emplea la tercera parte del tiempo que le llevaría hacerlo en compañía. Cuando uno anda solo por ahí, lo que le sobra es tiempo. Tal vez ésa es la fuente del recelo que inspiran los solitarios: no sabemos a qué extrañas maquinaciones dedican todo ese tiempo que les sobra.


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Otro modo de capturar las cosas vistas, más eficiente que la fotografía: dibujarlas. Hasta un dibujante torpe como yo sabe que dibujar implica mirar más intensamente, y percatarse de líneas y relaciones que el ojo pasa por alto y la fotografía ignora.

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Ha aparecido esta reseña de mi Casa en construcción.

1 comentario:

Portorosa dijo...

Muy de acuerdo con tu apreciación sobre los solitarios y sobre dibujar. Nunca he visto tan bien algo como cuando he tratado de dibujarlo; lo disfrutaba con una intensidad inaudita.

Un saludo.