domingo, diciembre 02, 2007

CERDOS

Llego a contar hasta dieciocho. Mordisquean el pasto, como cabras. Al vernos, se acercan, me imagino que acostumbrados a que los excursionistas les den de comer. M. A. lo intenta con unas briznas de hierba, que devoran con fruición. Yo lo intento con unas acebuchinas, que desprecian. Pero el caso es que se cansan pronto de tantas formalidades, y se acercan preocupantemente a las piedras en las que estamos sentados. Unos mordisquean la bolsa en la que he ido guardando las ramitas que he recogido a lo largo del paseo, para la chimenea. Otros, más atrevidos, nos mordisquean los zapatos. Terminamos por espantarlos. Y se baten en retirada, sin gloria, como los indios malos en las películas. A una distancia prudencial, recomponen la escena de antes: el idílico ramoneo de dieciocho cerdos en el prado. Pero la estampa ya no resulta tan convincente, después de que sus integrantes hayan comprometido tan seriamente su dignidad.

No hay comentarios: