viernes, diciembre 14, 2007

ESTUARIO

Me cuentan que hay gato encerrado tras un reciente superventas editorial. Que las devoluciones (es decir, los libros no vendidos, que las librerías devuelven a las distribuidoras, y éstas a la empresa editora) suman millones de ejemplares (digo bien: millones), almacenados en una nave de un polígono industrial en las afueras de Madrid; y que la editorial, para evitar la ruina cierta e inmediata que supondría reintegrar los depósitos abonados por los libreros, está pagándoles con nuevas remesas de libros... Bandazos de una industria desquiciada, que, en su búsqueda de beneficios rápidos, y tras haber renunciado abiertamente a la encomienda cultural que le da razón de ser, empieza a dar palos de ciego. Triste. Y desorientador. Aunque lo más preocupante no es el hecho de que un especulador se estrelle, sino que todos los que están al tanto de esta catástrofe anunciada guarden, de momento, un silencio cómplice. Y es que, en la opacidad de este mundo, lo difícil, me dice mi informante, es confirmar los indicios, para poder denunciar los hechos.

***

La gata K. duerme en un sillón, a mi lado, hecha un ovillo. Una cosa es cierta: pese a su felina independencia, busca y solicita nuestra compañía. Tiene toda la casa para explorar, hay un calefactor encendido en otra habitación, hay cojines más mullidos en otras zonas de la casa, y una manta en la que arrebujarse, y diversos objetos más o menos peludos y blandos distribuidos en otros tantos lugares estratégicos, para su regocijo. Pero un inexplicable instinto gregario, contrario a sus instintos naturales, la lleva a permanecer junto a mí, al lado de lo que debe ser, para su curiosidad infinita y siempre alerta, una molestísima sucesión de ruidillos insidiosos e intrigantes. A veces, en fin, se sube a la mesa y acecha los vaivenes del cursor sobre la pantalla luminosa del ordenador. O se da un garbeo tras el monitor, rozando el lomo con la rejilla tibia del aparato. Me da un poco de vergüenza confesarlo, pero, en tardes como ésta, en las que estar aquí supone una especie de opción inconfesable por la soledad, ella me absuelve, me acompaña, me vacuna contra ese especie de olvido de uno mismo al que conduce la soledad buscada. La veo y asumo mis responsabilidades de animal gregario. Y le acaricio el lomo, aun sabiendo que ella es también una solitaria, y no siempre le gusta, y a veces intenta morder la mano que la mima.

***

Son más poderosos que yo, sí, y ganan más dinero, y se mueven en un mundo aparentemente menos agrio y desabrido. Pero también les ha sorprendido la noche en esta población apartada, a la que les ha traído un pesado deber burocrático. Y les queda una hora larga de camino para llegar a casa, y se estremecen de frío bajo el aire húmedo que sube del estuario. No les envidio. A la luz de estos ocasos súbitos de invierno, la humanidad presenta pocas diferencias.

4 comentarios:

Chapu Apaolaza 36.32 N / 6.18 O dijo...

Y el nombre del superventas comienza por? Una pista....

Mabalot dijo...

Hay tantos pelotazos que acertar es cosa bastante jodida, aunque situándonos no debería ser difícil dar con el superfracaso.

Adivina, adivinanza...

Manuel dijo...

A mí me da pena la editorial y los autores "minoritarios". En este mundo capitalista (dicen el sistema menos malo) a veces se necesita de los superventas para que la industria siga y mantenga a esa oferta de calidad. Me da pena la verdad.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No lo puedo decir, por respeto a la confidencialidad. Pero no es nada difícil de adivinar. Pensad en el best-seller por antonomasia de estos dos últimos años.