jueves, diciembre 27, 2007

EXCESOS

Podría anotar hoy al menos un par de historias de las que tuve conocimiento ayer; pero ninguna de ellas podría siquiera esbozarse sin rozar el límite de la indiscreción, por más que uno escamoteara nombres y pormenores demasiado concretos... Limitaciones que, necesariamente, han de tenerse en cuenta en este cuaderno privado escrito a la vista de todos.

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Mañana de compras en Sevilla. Decepción en lo concerniente a la búsqueda de ciertos libros. El que ahora existan en Sevilla al menos tres grandes superficies dedicadas al libro no ha supuesto, ni mucho menos, una mejora de la oferta: más bien sucede lo contrario, y lo que estos grandes supermercados de material impreso producen es un efecto de banalización de lo que venden. Echa uno de menos las librerías de verdad. Como la venerable Antonio Machado, cuyo rótulo aún campea sobre lo que ahora es... una tienda de modas.

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La copa de limoncello que me sirven después del almuerzo en el San Marco más bien me aturde. No por ella misma, sino por lo que supone de añadido a otros excesos cometidos ayer, anteayer... Entiendo ahora por qué C., al comienzo de una mañana teóricamente dedicada a las compras, decidió perder parte de la misma en la catedral, y salió de allí con otro ánimo, sin asomo de la ansiedad que mostraba al comienzo del día. Esa hora larga entre capillas y objetos sacros tuvo un efecto calmante; o, más bien, supuso esa clase de reafirmación del control sobre uno mismo que se consigue con el mero aplazamiento voluntario de ciertas gratificaciones. No es que haya que rehuir los excesos. Basta con graduarlos.

2 comentarios:

Enrique Baltanás dijo...

En lo de las librerías sevillanas tienes toda la razón, pero aún queda una "verdadera". Se llama Céfiro y está en la calle Virgen de los Buenos Libros, cerca del Corte Inglés de Plaza del Duque.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tomo nota. Y qué nombre de calle tan apropiado.