martes, diciembre 18, 2007

IMPUTACIONES

En todas partes cuecen habas, sí. Y esto es especialmente visible en la vida laboral. Pero algunas habas son más digeribles que otras, y la sola visión de un lugar de trabajo donde la gente parece relajada, donde las bromas (algunas, de sal gruesa) circulan en una atmófera distendida, sin que ningún aguafiestas agite los fantasmas de la corrección política, y donde incluso puede darse buena cuenta de una botella de anís (tan apropiada a las fechas) sin que nadie se escandalice, me produce una cierta envidia, y una clara añoranza de otros tiempos.

***

Apuntes. El pico de esa montaña oculto por el faldón espeso de una nube, seguramente deshaciéndose en lluvia (o en nieve, me dice M., que cree distingir un reflejo blanquecino en el turbión). La casona engullida por el pueblo, y reconvertida en pintoresca taberna (techo de vigas descubiertas, telarañas, mosto "de la casa"), contraponiendo su anacrónica estampa a la arquitectura funcional del edificio que tiene enfrente, y del que proviene su más numerosa y ruidosa clientela. Las niñas de M., que, ante la presencia inhabitual de un extraño, declaran que no se quieren acostar. La temperatura cambiante de la casa: caldeada y acogedora de noche, después de haber absorbido el calor de todo un día con la chimenea encendida; helada y desabrida al amanecer, con el agravante de que no merece la pena encender la chimenea para el breve intervalo que media entre el desayuno y la hora de salir... Notas sobresalientes de un día levemente descentrado, desplazado de la rutina. Vuelvo a casa en autobús, ya de noche, con las tareas cumplidas y un resto de exaltación que no consigo dominar (esas copas de anís, quizá), y que, ya definitivamente desprendido de sus gratos orígenes, se parece algo a la ansiedad, a la angustia.

***

"¿Os gustó "La Navidad es triste para los pobres"?", les pregunto a estos chicos, que leyeron el cuento ayer, en lo que fue un modesto acto literario para conmemorar el Día Andaluz del Libro. "Pse", me dicen. "No está mal. Pero se corta por las buenas, no acaba". Bueno. Lo que ellos achacan a Cheever es lo que algún crítico imputa a mis propios cuentos. Lo que, a decir verdad, no me absuelve de nada, ni me pone a salvo de la posible verdad de esas críticas.

No hay comentarios: