martes, diciembre 25, 2007

MAÑANA DE NAVIDAD

Mañana de navidad. A los detractores de la fiesta -¿habrá algo más absurdo que declararse detractor de una fiesta?- les diría que bastan mañanas como ésta para absolverla. La gente todavía duerme, bien a causa del atracón y las borracheras de anoche, bien porque no hay nada que hacer, en un día en el que no hay periódicos, la televisión y la radio resultan inoperantes y las cosas que habitualmente se hacen en un domingo cualquiera (pasear, salir al campo, etc.) parecen excluidas. Hay un sol apacible, tamizado por una ligera neblina que amortigua los pocos sonidos apreciables. Merece la pena madrugar (sin exageraciones: me he levantado a las nueve) para disfrutar de una mañana así. Enciendo el ordenador y el capricho me lleva a la página de The New Yorker. Leo un magnífico cuento de Carver, The beginners, en dos sentadas: la mitad, antes del desayuno, la otra mitad después de haber ayudado a quitar la mesa, hecho la cama y bajado a comprar el pan... Disfruto de una sensación que pocas veces me es concedida: la de ser dueño de mi tiempo, la de notar que éste corre, de alguna manera, acorde con mi pulso y mi respiración... Y ahora, para no parecer que me he sumido en alguna clase de alucinación solipsista, pienso en los otros habitantes de la casa. J., nuestro invitado, se ha marchado ya: la curiosa y algo impostada estampa que compone (mochila al hombro, tabardo de corte militar, aspecto de hippy maduro) me resulta incluso enternecedora; C. anda acicalándose, que es un placer que corresponde plenamente a su edad; M.A. se dispone a ejercer de anfitriona, lo que en ella es siempre un derroche de bondad (lo dejo aquí anotado, porque seguramente la sonrojaría si se lo dijera a la cara...); a la gata K. hace horas que no la veo: debe de estar dormitando al sol, en el balcón... Esta extraña desarmonía, esta dispersión, que en otras circunstancias resultaría alarmante, parece apelar hoy a un sentido cierto de la felicidad.

Lo dejo aquí anotado, para los momentos malos.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece que, después de todo, los que siempre están ahí son panaderos, imparable gremio.
Enhorabuena por este momento de oxigenación perfecta, tan rara en usted, pero que no le queda nada mal.

Anónimo dijo...

olvidé "los": "son LOS panaderos"

Anónimo dijo...

Pues no, amigo, no es nada absurdo ser detractores de esta(s) fiesta(s). Porque los motivos para odiarla no son la fiesta, que bienvenido sea el ocio y el disfrute, sino el hecho de que sea imposible escapar a los pormenores enojosos de la fiesta, a su obligatoriedad tribal, a su horterismo, a su hipócrita y ñoña estética, al mensaje del Rey, a los regalos carísimos e inútiles, a su dejá vú siniestro, a sus felicitaciones en serie a través del móvil, a sus comilonas sin escapatoria, a sus villancicos espantosos, al mensaje del Papa... Ahora, que si alguien le saca provecho al día de asueto, no tengo nada que decir. Pero que conste que motivos para odiar esta fiesta sobran...
Un abrazo.
JLP

Anónimo dijo...

Y añado: yo me levanté sólo una hora más tarde que usted. Y era deprimente: todo estaba cerrado y los únicos seres vivos eran viejecitos en chandal haciendo su marcha diaria anti-colesterol. Que conste que no tengo nada en contra de que la gente descanse y cierre bares y tiendas pero todo tenía "un aire de general jubilación". ¿Dónde estaba tanta alegría de la víspera? Estos días son enemigos de la vida. Días en los que la vida se oculta a golpe de consigna.
JLP

Anónimo dijo...

Estimado amigo:

es la primera vez que escribo a tu blog, pero ya nos conocemos. Te deseo una Feliz Navidad y Año Nuevo a tí y a tu familia. Nos gustó mucho tu felicitación al alimón, navideña y gatuna. Me voy de viaje y me llevaré tu Antología para terminarla. Me está gustando mucho, y no es coba. Total, no sabes quién soy.
Un fuerte abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La verdad, querido JLP: que ciertas formas de vida ruidosa se "oculten", como dices, siquiera un día al año, no viene mal. Aunque sea "a golpe de consigna". Todo depende de la importancia que le dé uno a según qué consignas.
(Y que conste que no me considero en absoluto defensor de la navidad, Dios me libre.)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Y respecto a los "anónimos": cuánto me intriga que escriba en este blog gente que parece conocerme bien, y a la que no consigo identificar. Especialmente el último: no he repartido la felicitación "gatuna" al alimón, sino sólo a amigos y conocidos, individualmente. Así que el mensaje me deja de lo más intrigado. De todos modos, me alegro de que haya gustado. Y de lo de la antología.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Por cierto, JLP: lo de "un aire de general jubilación" es muy bueno. Ya era hora de que alguien se burlara de esos forzadísimos anglicismos de nuestro,por otra parte, tan admirado Jaime Gil de Biedma.

Anónimo dijo...

Bien contestado. Es un punto de vista que respeto y comparto: lo de la ocultación de los gamberros. No había visto esa evidente ventaja. Totalmente de acuerdo.
Respecto a lo otro: ¡no me burlaba! Anglicismos o no, todo lo que ÉL (déjame ponerme estupendo) decía estaba bien dicho. Me disculpo por haber entrecomillado la frase.
En cualquier caso, mis mejores deseos para todos en estas fechas y en cualesquiera otras.
JLP