jueves, diciembre 20, 2007

IN MEDIAS RES

Mejor opinar sobre las lecturas in medias res, antes de dejarnos embaucar o decepcionar por los efectos de traca final, ruidosa o en sordina, con el que muchos ponen punto final a sus libros. Así lo vengo haciendo en este cuaderno. Cuando escribo para una publicación impresa, en cambio, el prurito de probidad profesional me lleva a no adelantar ninguna opinión hasta no haber leído el libro en cuestión de cabo a rabo. En estas opiniones presuntamente más meditadas, en fin, pesa mucho el efecto de la última página: a veces, la mera sensación de alivio por haber llegado al final de un mamotreto infumable; otras, la entrega desprevenida a los desiderata bienintencionados que muchos autores plantan al final de sus obras, vendiéndonos el espejismo de que lo que callan o lo que queda por decir es acaso mejor que lo que han dicho... Los adioses son siempre tramposos. Por eso, en este cuaderno libre de compromisos, digo lo que quiero en el momento que quiero, y anoto opiniones que, en otro contexto, exigirían mayor fundamentación. Y lo curioso es que no por ello tengo la sensación de arriesgar más, o de equivocarme más.


***

Un ejemplo: París: suite 1940, de José Carlos Llop. No soy muy entusiasta de este escritor mallorquín, pese a lo mucho que me lo recomiendan. Tengo incluso algún amigo que me regala sus libros, sin lograr contagiarme su entusiasmo. Pero este último título, del que he oído infinidad de opiniones negativas, no sólo lo estoy leyendo con agrado, sino que me parece bastante inteligente. Es un ensayo más o menos novelado sobre la peripecia parisina de César González-Ruano durante la ocupación alemana. Mis informantes le achacan ser una mera paráfrasis de las páginas que González-Ruano dedica a este episodio en sus memorias. Y lo cierto es que posiblemente más de un tercio del libro consista en citas literales. Lo que aporta Llop, la trama que teje estas citas, tiene, sin embargo, más consistencia de lo que parece: viene a ser un cumplido relato de las dudas y paradojas que asaltan a un lector atento mientras recorre el tortuoso relato de González-Ruano. Esto es el libro de Llop: un cumplido y más que logrado dietario de lector. Y quien haya dedicado, como yo, un buen número de horas de su vida a frecuentar al siempre apasionante y no pocas veces irritante González-Ruano, no puede dejar de sentirse reconocido en este prontuario de preguntas sin respuesta. (Y lo digo, en fin, y ojalá no me equivoque, cuando todavía voy por la página 72).

1 comentario:

E. G-Máiquez dijo...

Tanto la reflexión general A como su aplicación concreta B son muy atinadas. Y estoy convencido de que el libro de Llop-Ruano no te defraudará en absoluto a medida que avances.