miércoles, enero 09, 2008

CULTURA MEDITERRÁNEA

Quizá no hay verdadero motivo de orgullo en que nos elogien por nuestra discreción, por nuestra parquedad, por el distanciamiento y la ironía que sepamos infundir a nuestros dichos y hechos. Quizá alguna vez nos gustaría que se nos elogiara por nuestra energía, nuestra resolución, nuestro entusiasmo. Aunque sepamos que esa energía, esa resolución, ese entusiasmo, sólo son el resultado de arrinconar todo lo demás, y no nuestra verdadera naturaleza.

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Vuelvo a ver El Padrino, por enésima vez, aprovechando que los Reyes Magos me han traído la trilogía completa en DVD y ya puedo arrumbar las viejas cintas de vídeo. En estas revisiones influye mucho el estado de ánimo del momento, y lo que podríamos llamar la coyuntura moral y estética que esté uno atravesando. La de ahora debe de ser enormemente afín al fondo y forma de esta magna obra, ya que su visionado me produce un sentimiento de exaltación casi preocupante. También, un cierto regocijo, ante la sospecha de que este soberbio ejercicio de narrativa con tintes shakespearianos es, también, una humorada. Véanse, por ejemplo, en la segunda parte, las múltiples ocasiones en que el joven Vito Corleone anticipa los tics verbales del anciano que conocimos en la primera: lo de la "oferta que no podrá rechazar" y alguno más. O las grotescas caracterizaciones de algunos personajes, que más parecen debidas al lápiz de Will Eisner, pongo por caso, que a la proverbial exactitud antropológica que se le atribuye a Coppola... O, al menos, eso es lo que me digo, para evitar tomarme todo esto más en serio de lo debido.

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Y ahora me acuerdo de la improvisada soflama, algo subida de copas, que hice ante unos amigos de Benaocaz a favor de ciertas idiosincrasias "mediterráneas": la idea, por ejemplo, de que ciertas lealtades personales son sagradas. Como lo es la lealtad, en fin, a la famiglia (dicho sea con voz ronca).

2 comentarios:

Herman dijo...

Estimado José Manuel:
Quería felicitarte por tu bitácora, que sigo desde hace tiempo. Me parece un lugar sumamente acogedor. Siempre se agradecen los rincones literarios de calidad. Un saludo.

P.D.: Por supuesto, estás más que invitado a visitar mi blog cuando gustes.

conde-duque dijo...

No, no es un exceso ni es preocupante. El sentimiento de exaltación estética ante la trilogía de "El padrino" es simple sensatez (en eso consiste lo que Kant llamaba "el sentimiento de lo sublime"). También las he visto decenas de veces, y no cansan.