lunes, enero 07, 2008

UNA RAYA EN EL AGUA

Miss Dent, la protagonista del cuento de Cheever "The Five Forty-Eight", de 1955, reaparece casi treinta años después en un cuento de Raymond Carver, "The Train", incluido en Cathedral, su colección de 1984... Que yo me haya apercibido de este fuego cruzado entre dos maestros de la narrativa breve norteamericana es un hecho puramente casual: hace cosa de un año leí los dos tomos de Relatos de Cheever publicados por Emecé, y hace un par de semanas tropecé con un ejemplar de Cathedral en el Fnac de Sevilla. No hay que darle mayor importancia a la coincidencia, ni alardear del dato erudito. Sin embargo, no puede uno dejar de pensar que estas rayas en el agua que trazan los escritores no adquieren sentido hasta que la paciencia de un lector o la mera casualidad cuadran el círculo. Cheever hizo que su señorita Dent le diera una buena lección a su jefe, un ejecutivo nihilista que, después de haberla seducido, la puso de patitas en la calle. La despechada ex-secretaria lo sigue hasta un apeadero de suburbio y, en las inmediaciones de éste, lo amenaza con una pistola y le devuelve la humillación infligida... Carver retoma a la atribulada ex-empleada en el momento en que ésta, cumplida su venganza, regresa al apeadero y aguarda el tren de vuelta. En la sala de espera de la estación desierta, es testigo de la absurda discusión que mantiene una estrafalaria pareja entrada en años. Si Cheever le había dado a su personaje un minuto de iniciativa y dignidad, Carver parece complacerse en devolverla al medio al que pertenece: la fauna desnortada que puebla el medio urbano americano. Dos maneras de encarar una misma situación. Y un chiste privado entre dos grandes escritores, lanzado al vacío, a la espera de que algún desocupado (en este caso, yo, en el último día de mis vacaciones navideñas) lo capte y constate... una nimiedad, que me ha divertido y hecho pensar.

2 comentarios:

conde-duque dijo...

D. José Manuel, no es por chafar el hallazgo (que no conocía y me ha gustado), pero no creo que sea una conexión tan oculta, porque el relato de Carver está dedicado "A John Cheever".
Desde luego, sin conocer el de Cheever (como me pasaba a mí) el de Carver no adquiría todo su sentido. En cualquier caso, supongo que los relatos de ambos siempre están abiertos, ¿no?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, la verdad es que no pretendía alardear del hallazgo, sino constatar la sorpresa que siempre me causan estos brindis al sol entre maestros, y la (grata) impresión que tiene el lector de convertirse, de buenas a primeras, en involuntario y agradecido punto de encuentro de estos fuegos cruzados. Lo de la dedicatoria, en fin, facilita las cosas. Pero también el azar juega su papel: bastaría que mis dos lecturas hubieran estado lo bastante distanciadas como para no acordarme de quién era Miss Dent, por ejemplo, o que hubiese leído lo de Carver antes que lo de Cheever. Saludos.