jueves, febrero 14, 2008

CANÍBALES

Se diga lo que se diga, las contradicciones son una fuente de debilidad. Quisiera uno ser un asceta apartado del mundo y, al mismo tiempo, ser parte activa y decisoria en todos y cada uno de los campos que le conciernen. Y el resultado es que ni se logra ese bendito distanciamiento del que, dicen, nace la sabiduría, e incluso la felicidad, ni se implica uno lo suficiente en aquellas cuestiones que le afectan. Y es justo en ese término medio donde más se acusan las insatisfacciones y decepciones.

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Riquezas de la necesidad. Este vecino llamó a mi puerta el otro día para ver si yo tenía losas sobrantes de las que se usaron en la construcción del piso, ahora inencontrables. Le digo que guardo algunas, pero no tantas como necesita. A los pocos días, este vecino vuelve a llamar para decirme que, finalmente, ha tenido que sustituir todas las losas, y que pone las que ha quitado a disposición de los demás vecinos. Con lo que quedamos a cubierto de cualquier reparación doméstica que exija la sustitución de unas pocas losas.

Un principio similar de economía debía de regir, se me ocurre, la supervivencia de esas tribus que practicaban aleatoriamente el canibalismo entre sus miembros.

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Algo debe de andar muy mal en el mercado artístico español para que tantos artistas practiquen la adulación sistemática y acrítica de los poderosos. No tiene nada que ver con el talento. Es más bien una debilidad de índole... afectiva. Una especie de inseguridad congénita, por así decirlo. Aunque, naturalmente, se les nota más a los más mediocres.

1 comentario:

Juan Antonio, el.profe dijo...

Lo del mercado artístico es, en verdad, muy llamativo. La mediocridad es, justo como tú afirmas, lo que podría explicarlo: sólo los mediocres (que consideran que todos los demás debemos ser del mismo paño) pueden pensar que manifiestos tan falaces pueden contener verdad o razón. Descalifican sin argumentos a los que no son de su condición. Pero claro, vivir (y bien) subvencionados es lo que tiene...