lunes, febrero 04, 2008

RETABLO

video
Finalmente, el tiempo no impidió que el santo bailón saliera a la calle. Lo sacaron a los sones del himno nacional (en una versión poco solemne, todo hay que decirlo, y un tanto "siciliana", interpretada por una charanga que bien pudiera haber podido figurar en el elenco de El Padrino) e, inmediatamente, en cuanto vio la luz del sol, lo pusieron a bailar al ritmo de un pasacalles bullanguero. Era la primera vez que lo veíamos (M.A., C. y yo), y nos quedamos bastante asombrados de ver aquella figurilla episcopal presa de pronto de una especie de ritmo epiléptico, que agitaba sus ropas talares y convertía su mitra y su báculo en otros tantos atributos festivos, algo así como cascabeles o maracas.

Pero nadie tomaba aquello como una manifestación bufa o una muestra de irrespetuosidad. Asistíamos al cumplimiento de un rito. Eso sí: como todos los ritos, suscitaba distintos grados de adhesión. A una señora que pasaba a mi lado le oí decir que había pedido no sé qué don al santo. Y la seriedad de esa petición no parecía en absoluto reñida con el hecho de que éste hubiera de atenderla mientras desfilaba por todo el pueblo a ritmo de pasodoble. En otro grupo, el de los incrédulos, sorprendí una discusión más seria aún: una mujer argumentaba ardientemente que aquello era una manifestación a favor de la alegría; y que, como tal, ella la suscribía, a pesar de no ser creyente. Y el hecho era que, incluso quienes venían sin otro propósito que el de asistir a un espectáculo aparentemente grotesco, terminaban dejándose contagiar por el sentir general y asintiendo a su posible significado, mientras el santo, como un duendecillo benéfico, agitaba sus faldones y su báculo (ya roto, ay) por encima de una multitud de cabezas.

Pero antes vino la fiesta privada. La misma en la que el año pasado prácticamente nos colamos sin invitación, y en la que este año hemos sido parte activa desde sus preliminares. Una cena el primer día, un desayuno el siguiente y un largo almuerzo seguido, a media tarde, de un concierto de jazz vocal a cargo de una cantante neoyorquina y un guitarrista traídos al efecto... Todo ello, en una casa particular que, durante dos días, mantuvo sus puertas abiertas. Algunos extraños se asomaban y preguntaban si aquello era la Casa de la Cultura o una sala de fiestas. Pero esas denominaciones oficiales y comerciales casi nos ofendían. No obstante, a todo el mundo se le invitaba a pasar, y algunos de esos extraños se adentraban de puntillas en el salón a media luz y se acomodaban en el suelo, mientras la cantante, con el tirante del traje oportunamente caído, entonaba una insinuante versión de Fever (...got the feeever, when you hold me tight...). Los anfitriones, el pintor y su bella esposa, se habían situado a la derecha del improvisado escenario, en la posición y actitud que corresponde a los donantes en los retablos medievales. Y eso es lo que se estaba representando: un enorme retablo viviente, con su cielo amistoso y sonriente y su pequeño infierno de aturdimientos pasajeros; con sus tablas centrales (la actuación musical, la cocina atestada, la mesa siempre bien abastecida) y sus motivos laterales (M.M., con su porte frailuno, inclinado sobre su libreta de dibujo como un monje ante un códice; mujeres con niños pequeños en los brazos; el turbión de veinteañeros...).

Para dar una salida digna a toda aquella emoción contenida, a alguien le dio por lanzar cohetes desde la terraza: un hombre delgado y reconcentrado, que llevó a cabo su cometido con la precisión de un pequeño demonio que oficia entre las llamas. Luego, la inevitable dispersión. Y la melancolía, como síntoma mejor y más noble de la inminente resaca.

(Ilustración: de la libreta de apuntes de Manuel Morgado)

6 comentarios:

conde-duque dijo...

Y después de los cohetes, la ovación...
Muy entretenida e ilustrativa esta entrada. Está hecho todo un Spielberg... O mejor, Coppola.

conde-duque dijo...

Por cierto, un reportaje sobre "El Padrino", la mafia, etc:
http://www.moviesfoundonline.com/godfather_and_the_mob.php

conde-duque dijo...

No sale entero el enlace.
Es éste:
The Godfather

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por el enlace. Tiene buena pinta. En cuanto tenga un ratito le echo un vistazo (hoy, como ves, ni siquiera he tenido tiempo de anotar nada en el "blog").

(Por cierto, ¿cómo se pone un enlace en la sección de comentarios?)

conde-duque dijo...

Yo lo copio y pego de la "Edición HTML" del blog. Le cambias la página web y ya está.
Es decir:
título que queramos poner

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tomo nota. Vi el documental, por cierto, y me ha parecido muy interesante; es curioso que Coppola, en el comentario a la película que incluye en el DVD, apenas mencione nada de eso. Eso sí: en la presentación de The Godfather's Saga, la versión para televisión, entona una especie de palinodia sobre que no ha querido ofender a los italoamericanos, etc.

Por cierto, la página en la que está alojado el documental no tiene desperdicio. He visto que tienen Rashomon, The Thing from Other Planet, etc. Gracias por la recomendación.