jueves, marzo 27, 2008

MI PREFERIDO

Ahí donde me ven, esos dos chicos del colegio Reggio que dejaron ayer una carta en la sección de comentarios de este "diario abierto" me han puesto en un aprieto, y de los gordos. ¿Cuál es el poema que más me gusta del 27? Si me hubieran pillado con el ánimo displicente, o si hubieran sido mayores y uno no temiera desilusionarlos, les hubiera dicho que, a mis años, ya casi no me gusta el 27. Pero hubiera sido mentira. No es eso. Es que con esa dichosa Generación tiene uno esa especie de relación resentida que algunas personas mantienen con sus padres. Eran el horizonte de los libros de texto de mi infancia. El primer poema que aprendí de memoria fue la "Nana del marinero", de Rafael Alberti, en 3º o 4º de lo que entonces se llamaba E.G.B. Es decir, que, mal contados, llevo cuarenta años leyéndolos. Conozco bien, casi al dedillo, la obra de Cernuda y Alberti. La de Lorca la tengo excesivamente focalizada en torno a un par de hitos que admiten pocos matices, es decir, de los que, o los tomas, o los dejas; me refiero al Romancero gitano y a Poeta en Nueva York. A Salinas, con el que sentía que tenía una deuda, lo dejé definitivamente a un lado hace un par de años, después del enésimo intento infructuoso de entrar en esa especie de álgebra sentimental suya, tan poco habitable. Guillén y Aleixandre, que me atraían bastante en mi adolescencia, dejaron de interesarme en cuanto empecé a tomarme este oficio con un mínimo de seriedad; tal vez porque eran dos poetas demasiado caracterizados por el cultivo de una maniera inconfundible, de ésas que resultan un tanto pegajosas cuando uno está buscando su propio estilo. Fue por esa época, más o menos, cuando leí por primera vez con detenimiento a Gerardo Diego, que me pareció, y me sigue pareciendo, una cantera de sorpresas y hallazgos; de hecho, es el escritor de este grupo que más releo. A los demás, los menores, los he visitado alguna que otra vez, sin que hayan conseguido llamarme mucho la atención.

Lo que sí es incontestable es que, desde la posición de un lector español de poesía en el último tercio del siglo XX, dar cuenta de la Generación del 27 equivale a trazar la propia biografía intelectual. Y, como toda biografía, la mía presenta diversas etapas, marcada cada una de ellas por una obsesión o preocupación distinta. Lo último que releí del 27, por cierto, fue el primerizo Libro de poemas de Lorca: me disponía a reseñar para El Cultural las Cartas de Vicenta Lorca a su hijo Federico, y despertaron mi curiosidad las alusiones de esta buena mujer a los primeros pinitos literarios de su vástago. Y, como suele suceder en estas relecturas que vienen tan bien predispuestas, no me decepcionó: entre muchos poemas de romanticismo o modernismo trasnochado, encontré alguna de las mejores canciones del poeta, y muchas de esas imágenes que parecen acuñadas por una mente al mismo tiempo experimentada y adánica; por alguien que sabe mucho de la vida y, al mismo tiempo, parece abordar ciertas realidades con la frescura de un niño.

Ésta es, en pocas palabras (o en muchas), mi experiencia del 27. ¿Elegiré alguno de los "Poemas para un cuerpo" de Cernuda? ¿Alguno de Retornos de lo vivo lejano? ¿Alguna canción lorquiana? ¿Algún soneto de Alondra de verdad? No sé, voy a darme un par de días para contestar. Los domingos por la tarde, lo sé por experiencia, son ideales para tomar esta clase de decisiones trascendentales.

1 comentario:

Mery dijo...

Pues si, difícil decisión le queda a usted....
Al menos puede uno aferrarse al estado temporal de la pregunta, que sería :con qué poema de la generación del 27 se quedaría (AHORA, en ESTOS momentos). Porque la poesía, al fin y al cabo, es un estado de ánimo. Y tal estado varía, como es natural.
En mi caso, podría decir que cualquier poema de Con la Voz a ti Debida, de Salinas -obvio, viendo mi blog-. Mi estado de ánimo de adhesión a esta obra se viene arrastrando hace ya un par de años.
Pero en fin, a lo que íba, que el domingo por la tarde va a salir humo de cierta cabeza gaditana que yo me sé.
Que te sea leve; buen fin de semana.