lunes, marzo 03, 2008

MI VOTO

Me pregunta un compañero, un tanto a bocajarro, qué voy a votar. Y, mientras le contesto, y le razono la respuesta, me percato de que la práctica totalidad de las personas con las que me relaciono diariamente evita cuidadosamente referirse a ese tema, como si se tratase de una cuestión vergonzosa u obscena. Incluso aquellos que tienen una militancia política clara han evitado mostrar una simple pegatina alusiva a sus simpatías. No creo que sea por miedo, ni por discreción. Más bien, porque se tiene, en general, la sensación (perceptible incluso en los columnistas cuya adscripción política no ofrece dudas) de que, se vote lo que se vote, o incluso si no se vota, nos estamos equivocando, o estamos apostando por un mal menor.

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Lo que no puedo admitir, de todas formas, es la falacia del "voto útil". Y no me vale lo que me espeta el compañero antes aludido, que alega que el voto que le he declarado es un voto tirado a la basura. No, amigo J.: los que me parecen directamente tirados a la basura son los otros, los que participan en la rebatiña general, con la esperanza de fastidiarles un poco la vida a la mitad del país que ha votado lo contrario.

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De todos modos, el impulso que me lleva a razonar estas cosas, e incluso a defenderlas, es lo más parecido al apasionamiento político que he experimentado jamás. Ya es algo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No es que queramos fastidiarle el cuatrienio a la otra mitad: es que queremos que ellos no nos lo fastidien.
De todos modos, invocó usted una vez, allá por mayo, a Voltaire y a Chateaubriand. Algo sí arderá...

Mery dijo...

Al hilo de tu escrito te diría que si yo fuera socialista votaría a Rosa Díez y a la porra con lo del voto útil. Pero no soy socialista.

Mañana estarán los blogs llenitos de comentarios sobre el debate, ay, Dios. Y yo abatida porque me ha tocado ser presidenta de mesa el dia 9. ¡Horror !
Mery

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Quizá esto no haya que planteárselo en términos de pertenencia, es decir, de "ser" tal o cual cosa. Ser, lo que se dice ser, sólo somos modestos ciudadanos de a pie en la tesitura de elegir a los administradores de la cosa común. Elijamos a los mejores, sin que ese voto nos convierta en cómplices de los desafueros de unos y otros. No pensemos en términos gregarios. Y si, a la postre, nuestro voto no redunda en la elección de nadie, qué le vamos a hacer. Tengamos al menos la conciencia tranquila de que votamos a quienes mejor defendían o representaban lo que pensamos. (Y corto ya, que esto parece un sermón.)