sábado, marzo 29, 2008

MUDANZA

Día de semimudanza. El transportista llega puntualmente a las ocho y media. Cargamos los muebles en el furgón y nos lanzamos alegremente a la carretera, que hoy se anuncia repleta de motoristas que acuden a ver el campeonato de motos de Jerez. Nunca he entendido este ritual de ir en moto a un campeonato de motociclismo. Es como si, para presenciar una pelea de gallos, hubiera que ir disfrazado de pollo. En fin. Como el conductor del furgón es un hombre prudente y comedido, no se deja impresionar por los enjambres de motoristas que lo adelantan. Pocos, todo hay que decirlo: se les nota un tanto acojonados por el despliegue policial, helicóptero incluido. Por cierto: un guardia con malas pulgas nos hace aspavientos, para que nos pasemos al carril derecho de la autopista; íbamos por el izquierdo para evitar la más que probable desviación obligatoria del flujo de tráfico a alguna de las rutas alternativas que se han habilitado. No hay tal: conseguimos enfilar la autovía sin dificultades. Hace un espléndido día primaveral, con un sol matizado de brumas. La gama de verdes, reanimados por las últimas lluvias, es de una riqueza de matices extraordinaria. Se da, además, la circunstancia de que, por primera vez, hago este camino a la sierra desde la posición elevada que supone ir sentado en el asiento de un furgón. "Es como si vieras el campo desde el techo del coche", dice gráficamente el conductor. Y, efectivamente, basta esa ligera variación de perspectiva para que pueda reparar en una infinidad de detalles que no podían apreciarse desde el coche, desde la profundidad de ciertos cauces hasta la variedad de vegetación que los ocupa (alisos, fresnos, álamos), sin contar con los mundos que me resultaban desapercibidos por el mero hecho de ocultarse tras un leve repecho: valles enteros, con su dispersión de casas, sus predios cultivados, sus praderas, sus prometedores caminos.

Luego, la curiosa impresión de llegar a la casa, no para quedarse, sino simplemente para soltar allí la carga. "Huele a chimenea", me dice el transportista, mientras traspasa el umbral cargando un cabecero de cama. Huele a tardes que, aunque no distan más de una semana del día de hoy, parecen pertenecer a otro tiempo, radicalmente opuesto al de esta mañana utilitaria. Subimos los muebles al dormitorio al que van destinados y, luego, una vez terminada la descarga, vamos a desayunar. Observo que al transportista le cuesta devorar la enorme tostada: es un hombre sano y trabajador, de ésos que desaprueban tácitamente todos los excesos, aunque no lo digan abiertamente, por discreción o por no desairar. Pero el desayuno y el breve astisbo que ha tenido de mi intimidad lo animan, me imagino, a bajar la guardia y renunciar en parte a su reserva. Me habla de sus hijos, modestamente, sin alardear demasiado de los evidentes talentos de éstos: la hija, bailarina; el hijo, cosmopolita y viajado, amén de políglota... Los dos trascienden el laborioso universo obrero del que han surgido, a la vez que prestan sentido a todo el esfuerzo familiar, sostenido durante años. Del discurso de mi compañero se deduce, además, que tiene ideas claras sobre lo que supone sacar adelante una familia, criar a los hijos o estimular las aspiraciones de éstos. Me conforta su seguridad, que viene a sacudir no pocos prejuicios míos (en otro contexto diría "opiniones") sobre el conformismo y el carácter acomodaticio de ciertos sectores de nuestra sociedad, embrutecidos por los discursos paternalistas, la demagogia, el Estado asistencial y una educación deficiente. A estos respectos, me encanta que alguna que otra vez los hechos me desmientan. Y vuelvo a mi casa, parcialmente desmantelada mientras duran los arreglos domésticos, con un ánimo excelente. Como para no estropearme el día, ni siquiera ha empezado a sonar la habitual fanfarria mañanera de radios encendidas y musiquillas atronadoras. Tal vez por eso K., tan exigente, no ha salido del balcón en toda la mañana.

1 comentario:

conde-duque dijo...

Lo que se dice un buen día, ¿no? Y todos tan contentos.
"Es como si, para presenciar una pelea de gallos, hubiera que ir disfrazado de pollo." Jajaja...