miércoles, marzo 19, 2008

PECADOS

La Iglesia, leo, ha dado a conocer una lista de nuevos pecados, que complementa los famosos siete pecados capitales de toda la vida. No entro a discutir el fondo de la cuestión, que atañe exclusivamente a la institución eclesial y a sus fieles. Pero hay un par de aspectos colaterales, digamos, de esta noticia que me han hecho pensar.

El primero es: ¿realmente hemos inventado pecados nuevos? Uno creía que, en lo concerniente a estas cuestiones, no quedaba nada por inventar. Y, efectivamente, si se examinan a fondo los nuevos pecados propuestos –dañar el medio ambiente, drogarse, acumular excesivas riquezas–, no parece que éstos se salgan de la severa tipología establecida en el famoso septeto. No parece, en efecto, que la “acumulación excesiva de riquezas” diste mucho de la avaricia; ni que el consumo de drogas no sea una mezcla explosiva de soberbia (por lo que tiene de afirmación del capricho frente al instinto de conservación) y lujuria o gula (por lo que tiene de gratificación placentera). También anda cerca de la soberbia (y quizá de la avaricia y la pereza, madre de la ignorancia) el pecado de dañar el medio ambiente…

Más bien parece, a la vista de estos nuevos pecados de enunciado inusualmente preciso, que la Iglesia haya querido establecer una casuística, para guiar a los creyentes desinformados. Lo que me lleva, en fin, al segundo aspecto de la cuestión. Palabras tan generales como soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula… difícilmente pueden ser discutidas o discutibles. Si algún librepensador afirma que el sexo, tal como se da entre adultos libres, no puede ser pecado, un defensor de la ortodoxia siempre podrá aducir que sí lo son (y así lo considera incluso el propio Código Penal) algunas modalidades aberrantes o abusivas de ese comportamiento. Es decir: un enunciado general será siempre lo bastante amplio como para que no baste para invalidarlo una objeción concreta: siempre habrá ejemplos y casos que lo apoyen. Pero si el enunciado es demasiado concreto, pasa justo lo contrario. Si se afirma, por ejemplo, que la drogadicción es pecado, siempre habrá quien se pregunte si pecan los mineros bolivianos que mascan hojas de coca para combatir el mal de altura; o si lo hace quien fuma, bebe vino o se espabila a base de café. Lo mismo podría decirse de la acumulación de riquezas: ¿es pecaminosa la virtud burguesa del ahorro, por ejemplo? ¿Lo es que un negocio produzca pingües beneficios?

Aunque puede que lo que esté en cuestión, después de todo, no sea más que un problema de índole educativa. Es posible que la propia Iglesia haya empezado a acusar las consecuencias del déficit de comprensión lectora del que hablaba el célebre Informe PISA. Los creyentes no saben ya qué significan los viejos y temibles enunciados bíblicos. De ahí que haya que dárselos mascados. Como en la escuela.

7 comentarios:

Mery dijo...

Me inclino a pensar que la Iglesia ha acusado la baja calidad de comprensión de las nuevas generaciones y ha decidido especificar y pormenorizar. Ahora bien, si es así, la lista de pecados será inagotable, me temo.

Por otro lado, dile a un jovencito que la soberbia es pecado,o la lujuria, o la avaricia....palabras arcaicas que atañen a otras generaciones, no a él.

Aquilino Duque dijo...

Algo de eso debe de haber. El proceso de asilvestramiento de Occidente del 68 en adelante no perdona ni a las "masas encefálicas".

Juan Antonio, el.profe dijo...

Coincido con mis tertulianos previos. Un joven PISA, por no saber, no sabe ni qué es la lujuria (el concepto, me refiero, claro está). Por eso pecan sin saber que están pecando, lo cual tiene mucha menos gracia, ya lo decía Azorín.

Enrique Baltanás dijo...

Lo que pasa es que la noticia es rotundamente falsa. "La Iglesia" no ha dicho nada. Se trata de un artículo de opinión de un señor concreto (ignoro su nombre o cargo). Publicado eso sí en LÓsservatore Romano, pero opinión particularísima. Los periódicos han convertido en "noticia" algo que no lo era. Un caso claro de manipulación informativa.

ZenyZero dijo...

Algunos podrían pensar que habría que reescribir la biblia y adecuarla a los tiempos que corren. Quizá así, a ritmo de regeton o con mucho ritmo, se mejoraran los resultados del informe PISA y hasta habría más cristianos.
Todo parece una espiral de hipocresía de la que va a ser muy difícil salir. O no, es que siempre hemos sido hipócritas, por naturaleza o por insitinto de supervivencia, y ahora toca actualizarse un poco. Sin más. Los jóvenes de hoy, creo, son los mismos que los de siempre. Somos todos, jóvenes y mayores, los que nos hemos desvinculado de la ética de nuestro pasado y nos reorganizamos como podemos.

Aunque la Iglesia no haya dicho nada, cuando el río suena... agua lleva. Pero otro dirá, que la noticia es que hay que salvar el agua, que queda poca. ¿Cuestión de enunciado?

Un saludo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tiene razón Baltanás: en mi repaso de las noticias, previo a la escritura del artículo, no encontré en ningún sitio que esto fuera doctrina eclesial, sino sólo una propuesta. En el espacio limitado del que dispongo, no obstante, no he podido hacer las salvedades que hubieran sido de rigor. De todos modos, tampoco la jerarquía eclesiçastica ha desmentido o matizado esta noticia, que yo sepa, por lo que no parece que esté mal vista por estas instancias.

Lo que está claro es que una de las utilidades de haberse aprendido el catecismo, como hicimos los de mi generación, es haber asimilado un amplio y añejo vocabulario que sería una pena dejar que se pierda, o sustituirlo por la terminología políticamente correcta al uso. Independientemente, en fin, de que uno conserve o no las creencias aparejadas a esa doctrina.

Ernesto Schutz dijo...

Estos nuevos pecados vienen a ser algo asi como las ramificaciones de los pecados capitales.