jueves, abril 03, 2008

AMISTADES

Amistades que nacen y amistades que agonizan. Lo peor de todo: el amargo saber que aportan estas últimas a las expectativas que podamos abrigar respecto a las primeras.

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Ante las que agonizan, cuántas vanas preguntas se hace uno, cuántos involuntarios agravios u omisiones busca uno con el secreto afán de asumir la parte de culpa que le corresponda, por tal de cuadrar el círculo de las causas que inevitablemente se le escapan.

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También una cosa es cierta: arden más rápido y se extinguen antes las amistades que parecían más intensas. Y no lamenta uno tanto la pérdida como la intimidad sacrificada, a partir de ahora susceptible de convertirse en mercancía de no se sabe qué almonedas, en materia de intercambio en no se sabe qué nuevos cambalaches confidenciales para ganar la complicidad de no se sabe qué extraños.

3 comentarios:

carbones dijo...

Por experiencia yo diría que cuanto más te importe conservar la amistad de alguien y más intentes hacer por conservarlo, más trabas va a poner esa persona para que lo consigas. En general todo en la vida es así.

Querer retener algo, termina haciéndotelo perder.

Quizás lo más inteligente sea no querer forzar nada. Pero paradojicamente no por desinterés, sno para conservar.

Anónimo dijo...

Creo que fue Joseph Pla quien clasificó a los mortales de su entorno según esta línea descendente: "saludados" (multitud), "conocidos" (bastantes) y "amigos" (cuatro o cinco, que sentirán de veras tu ausencia cuando desaparezcas). Es una selección natural, forzada por la vida en su feroz discurrir. Pero con uno bueno, pegado a nuestro ser ("amigo, mitad de mi alma" decía Horacio), merece la pena tan dura experiencia.
Un saludo de Polidoro, que te conoce y te lee.

Anónimo dijo...

(Me) duele la belleza y la verdad de tu escrito.

H.