martes, abril 15, 2008

A DOMICILIO

Todo se reduce, me dice E., a llegar a entendimientos con gente con la que, al fin y al cabo, vas a tener que seguir tomándote cafés. Pero acaso sea mejor elegir bien con quién te tomas los cafés.

***

Vino a mi trabajo a recoger las pruebas. Es la primera vez que me hacen este servicio a domicilio, lo que, en medio del abatimiento generalizado con el que he empezado la semana, me lleva a crecerme un poco y a darme alguna importancia. Le digo al conserje: "Va a venir un señor a recoger las pruebas de un libro mío. Hazlo pasar". Y, a la hora indicada, se presenta en mis dependencias un hombre entrado en años, con aire y ademanes de campesino. Hasta me parece que lleva una gorrilla doblada entre las manos. Pero quizá eso sean imaginaciones mías. No era, evidentemente, uno de esos genios de la informática capaces de estropear cualquier libro, por sencillo que sea de componer. Pero tampoco encajaba en la imagen añeja del obrero tipógrafo: pulcro, leído, concienciado, partidario de Pablo Iglesias... Pero, claro, ésos eran los tipógrafos de hace cien años. Le explico las incidencias que he encontrado en el texto. Lo mira a distancia, como si, en vez de correcciones en rojo, estuviera viendo una plaga de pulgones en un naranjo. "No se preocupe", me dice, "todo tiene arreglo". Y ya me lo imagino con un depósito de insecticida a la espalda y un aspersor en la mano, fumigando las hojas infectadas.

***

Qué modo de errar el tiro el de cierta prensa. Burlarse de la ministra por estar embarazada no parece el modo más sensato de cargarse de razón para criticar su gestión cuando llegue el caso.

1 comentario:

Mery dijo...

Cuando uno es capaz en lo absouto de elegir con quién se toma los cafés ya ha alcanzado la mitad del cielo, porque cuán difícil es librarse de ciertos diablejos que se infiltran en los azucarillos.

Lo del embarazo de la Ministra, totalmente de acuerdo.