viernes, abril 18, 2008

EN COLOMBIA

Qué felicidad, esta mañana, por haber aparcado a la primera, y al ladito mismo del trabajo. (Y qué pena de uno, por ponerse contento por estas cosas).

***

Anoche, mientras dormía, un coche perseguido por la polícía derrapó en mi calle y se estrelló contra el edificio donde vivo. Yo ni me enteré. Esta mañana vi la huella de la frenada y el rastro de pintura metálica en la piedra del zócalo. Con un poco de esfuerzo, rescato del duermevela el vago recuerdo de un chirrido y una especie de trueno lejano, o el sonido de un desplome, como cuando un camión vuelca su carga. Tanto presumir de insomnio, tanto hablar de ello, y luego, cuando pasa algo realmente fuera de lo común, mi me cosco. Hay que admitirlo: dormía como un tronco, tal vez soñando con el maravilloso burdel de poblado minero que salía en The Claim, el extraño western de Michael Winterbotton que vi anoche, basado en The Mayor of Casterbridge de Thomas Hardy... Sigo las derivaciones de esta extraña cadena, y caigo en la cuenta de que tengo un ejemplar de dicha novela, y que lo compré en Madrid, en el Rastro, a un hombre inexpresivo, con barbas, que había extendido ante sí una mantita con un puñado de libros, todos de Shakespeare y del mencionado novelista. Ese año, recuerdo, acababa yo de terminar mis estudios de Filología Inglesa y no tenía aún perspectivas de trabajo. Y la visión de ese hombre con esa modesta y selectiva biblioteca en venta me pareció un mal presagio. Tal vez por eso, para conjurar sus posibles efectos nefastos, le compré todos los libros.

Y, ahora que lo pienso, estas concatenaciones, que tan lejos me han llevado del coche perseguido y la colisión, se parecen mucho a las que se dan en lo sueños. Dormía, qué duda cabe. Y tal vez sigo haciéndolo ahora, mientras redacto esta líneas.

***

Para chinchar a J. le señalo un titular de El País, en el que se dice que los cubanos ya pueden viajar más o menos libremente. "No va a quedar ni uno en la isla", le digo. Él hace como que encaja la broma, pero lo veo rumiar la respuesta durante largos minutos, y al final va y me suelta una diatriba sobre las muchas carencias de la democracia... en Colombia.

4 comentarios:

Manuel dijo...

Qué suerte la tuya un aparcamiento cercano, eso ya es dificil hasta en los pueblos.

Mery dijo...

Anoche, cuano dormía,
soñé, bendita ilusión,
que ya no habría insomnios
dentro de mi habitación.

Carbones dijo...

Aparcamiento. La verdadera epopeya del hombre moderno.

Esos tipos vendiendo 3, 4, 5 libros, con su tela en el suelo...la verdad es que dan miedo, por pensar qué tipo de situación les lleva allí. ¿Merece la pena salir a la calle para esa escasa venta?

Si es así, yo por lo menos sé que puedo sobrevivir unos años con mi biblioteca, vendiéndo libros de esta manera.

Adela Fernández dijo...

Jose Manuel, me ha gustado mucho esa historia de tus sueños y tu capacidad para conciliar realidad y ficción. Te visitaré a menudo.