viernes, abril 11, 2008

FALDAS Y ESCOTES

Vaya por delante que a uno siempre le parece bien que cada cual reivindique las mejores condiciones para su trabajo. Y si las enfermeras de un conocido hospital gaditano dicen que, para hacer el suyo, preferirían vestir esa especie de pijama que visten sus compañeros masculinos, y no el conjunto de falda, blusa, delantal y cofia que les hace llevar la empresa, sus razones tendrán. Por el bien de todos, quiero suponer que la legislación sanitaria será lo suficientemente clara al respecto, y señalará qué clase de vestimenta es la apropiada para trabajar en un hospital, y cuál no. Y debería bastar con acudir a esa legislación para zanjar cualquier discusión al respecto.

Pero las cosas no han ido por ahí, como ha denunciado el propio sindicato mayoritario en la empresa, que se ha mostrado alarmado ante la repercusión que la polémica ha tenido en diversos medios, tanto políticos como periodísticos. Y eso es precisamente lo llamativo del caso: que tantos y tan variados actores se hayan pronunciado respecto al mismo, y que todos lo hayan hecho en términos tajantes, casi siempre condenatorios. Y todo, sospecha uno, porque el caso entra de lleno en la casuística de lo “políticamente correcto”; es decir, de ese conjunto de creencias y tópicos que, aunque no gozan todavía de reconocimiento legal pleno, determinan ya abusivamente la actuación e incluso la conciencia de muchos ciudadanos.

Basta con echar un vistazo a lo publicado para comprobar la ligereza con que ha sido planteada la cuestión. Primero, un periódico nacional publicó que las faldas eran cortas y las blusas muy escotadas, y que los lazos del delantal no tenían otro fin que realzar la silueta femenina… Lo que quedaba desmentido, en fin, por las fotos con las que ese mismo periódico acompañaba la noticia. Al hilo de la misma, algunos altos cargos de la administración amagaron de inmediato con expedientar al hospital, mientras otros agentes sociales y políticos pedían que se le sancionara…

No entiende uno este celo puritano, atento a largos de falda y honduras de escote. Y más cuando la propia inspección de trabajo, mejor informada, anda recomendando a las partes que alcancen un acuerdo negociado, que no implique llegar a los tribunales; ya que éstos, a tenor de la jurisprudencia existente, no tendrían más remedio que dar la razón a la empresa. En cambio, es muy probable que en otros países europeos exista jurisprudencia a favor de lo contrario: de trabajadoras que reivindicaron su derecho a llevar faldas más cortas y ropa más acorde con el espíritu desinhibido de los tiempos. De otros tiempos, claro, más abiertos y alegres.


Éstos no lo son. No ya porque se discuta sobre si las enfermeras han de usar tales o cuales uniformes, sino porque a la menor excusa saltan voces que parecen querer uniformar el pensamiento de todos.


Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

NOTA DE HOY VIERNES: En los últimos días la inspección de trabajo ha cambiado de actitud, y ha multado a la empresa con 6.000 euros, argumentando que lo hace "por la repercusión mediática" que ha tenido el caso.

2 comentarios:

Antonio Serrano dijo...

Es uno de los signos de este tiempo: la edificación de un debate público con los cimientos de una pamplina. Pero mientras nos distraen con naderías como ésta (tal asunto debía haber quedado en el ámbito profesional y sus cauces sindicales), no pensamos, por ejemplo, en la crisis económica. Ni en los 400 euros zapateriles.
Saludos al filo de la medianoche.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Efectivamente. De lo contrario, no se explica uno tanta avidez por avivar la polémica.