domingo, abril 13, 2008

HIERBAS DE TODAS CLASES

Formulo una tonta apetencia y, al rato, una desconocida que no podía estar al tanto de lo que yo acababa de decir pone en mis manos la golosina deseada. Por la mañana, en el coche, hablábamos de X. y de su sorprendente carrera política y, a los pocos segundos, oímos su nombre en labios del presidente del Gobierno, que la nombraba ministra... No, no es que uno tenga poderes sobrenaturales. Más bien tiene uno la sensación de tener el pensamiento tan despeluchado y la voluntad tan dispersa, que no hay nada de extraño en que la realidad, tanto la particular y privada como la pública, se prenda a cualquiera de las hilachas de discurso que uno va dejando por ahí.

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El acceso al pueblo estaba cortado por unas carreras de coches, por lo que, para volver a casa, hemos tenido que dar un largo rodeo. Había poco tráfico: todos los coches de la comarca parecían haberse concentrado en el lugar donde competían los prototipos más potentes de su género. En eso, las máquinas son como los seres humanos. Y hasta a los pocos que nos cruzábamos, como perdidos en aquellas inmensidades, parecían habérseles pegado esas ínfulas: iban a toda velocidad, derrapando en las curvas, como queriendo demostrar que, si no estaban en esas competiciones de más allá, era porque andaban sobrados y no tenían nada que demostrar.

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El hortelano a M.A., mientras ésta siembra las semillas de hierbas aromáticas que ha ido comprando aquí y allá: "No, si hay hierbas de todas clases...".

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