lunes, abril 28, 2008

MALDITAS LAS GANAS

Última bobada nihilista, leída ayer en un suplemento dominical: ¿qué comería usted en su última cena? Se lo preguntan a todos esos personajillos que siempre están dispuestos a seguirles el juego a los periodistas imaginativos, y todos hacen gala de las mismas fantasías pretenciosas y un sí es no es decadentes. Lo que más llamaba la atención es lo animosos y ocurrentes que se mostraban todos. Y a ninguno se le ocurrió contestar lo único que, en un caso así, hubiera parecido razonable: que, en vísperas de la propia muerte, malditas las ganas de comer que tiene uno.

***

Y es que el de ayer fue uno de esos días que predisponen a filosofar. Primero, lo de las dichosas últimas cenas ("Es un juego" -me decía M.A., ecuánime- "no hay que tomárselo tan a pecho"). Y luego, en la sobremesa, el disgusto que nos dio K. cuando la sorprendimos en el pasillo con un pájaro muerto en la boca. Lo había cazado en el balcón. Intentamos quitárselo, pero defendía su presa con uñas y dientes. No parecía que quisiera devorarla; nos consta, además, que no sabe desgarrar una presa grande: de hecho, cuando le damos algún bocado de nuestras sobras, como golosina, sabemos que es incapaz de comerlo si previamente no se lo desmenuzamos. Es una gata casera y remilgada, de la que no cabe esperar que hunda el belfo en una presa para arrancar un trozo de carne. Por eso resultaba aún más doloroso verla jugar con el cadáver del pobre pajarillo: lo lanzaba al aire y lo dejaba caer al suelo, para lanzarse de nuevo sobre él. Finalmente, después de largos minutos de desconcierto y disgusto por nuestra parte, M. A. le arrebató la presa y la tiró al cubo de la basura. Y la gata , ya calmada, se tumbó en el suelo cuan larga es y quedó como en trance, bajo el efecto, imaginamos, de toda la adrenalina liberada durante su lamentable hazaña.

***

La película que estábamos viendo cuando sucedió todo esto era Amanecer (Sunrise, 1927), de F. W. Murnau. También habla del conflicto entre los instintos y los buenos sentimientos, que irónicamente Murnau hace que se alternen en un mismo sujeto en el curso de una sola jornada. Así somos, parecía decirnos, como si se hubiera puesto previamente de acuerdo con la gata: lo mismo nos dejamos acariciar, como suaves muñecos de peluche, que sacamos las garras. Y sin dejar de ser quienes somos.

4 comentarios:

profesor franz dijo...

Me alegra saber que unos pocos años de convivencia con su familia humana no han bastado para anular el instinto predador de la gata. Sus antepasados de dientes de sable se habrían sentido orgullosos de ella.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Y tanto.

TOMÁS dijo...

Hola, José Manuel, me llamo Tomás. Me ha gustado tu bitácora, así como algunas reseñas que escribes de vez en cuando por ahí. Desde aquí te invito a que visites mi bitácora, si te apetece; a lo mejor alí encuentras la brisa sanluqueña de mis lecturas...Un saludo.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

TOMÁS dijo...

Dejaré un enlace en mi bitácora para que puedan leerte y disfrutar con ello. Por cierto, compartimos la procedencia gaditana, soy de Sanlúcar. Nos vemos, saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com