jueves, abril 24, 2008

RUIDOS

Si viviésemos en otro planeta y sólo recibiésemos de éste testimonios sonoros, no sé cómo lo imaginaríamos. Me paso buena parte de la mañana en cama, oyendo el trajín de la mañana tras la persiana echada. Está uno acostumbrado al ruido de la vecindad por la tarde, al estruendo de los televisores de los vecinos, encendidos desde la sobremesa, al tráfago de motos y a las voces destempladas de las pandillas que juegan o gamberrean por el barrio. Pero la mañana los ha puesto a todos a buen recaudo, casi con criterio judicial: sobre los televisores pesa una orden de cierre, los de las motos están en sus quehaceres, o durmiendo la mona de ayer, los de las voces están recluidos en el colegio. Desde aquí sólo de oye el paso de algún que otro furgón de reparto, el rumor de ese viento que acaricia a contrapelo las copas de los escuálidos árboles de barriada que ornan el paseo; y, por encima de uno y otro, el canto obstinado de los pájaros, que no es sino un modo delicado de pautar el silencio predominante. Lo que uno se pierde todas las mañanas por levantarse antes que el sol y meterse en un atasco.

Pero lo dejo ya, que vuelvo a sentir el escozor de garganta. Bendita faringitis, si uno la llevara con más paciencia.

4 comentarios:

Mery dijo...

De siempre he sentido especial predilección por las mañanas del diario, donde el común de los mortales anda a sus quehaceres y uno, por azar, puede disfrutar de otra perspectiva.
La vida lleva otros ritmos y yo los disfruto haciéndolos míos.

Que tengas una pronta recuperación (o no, a u gusto).

conde-duque dijo...

Antes de nada, que te recuperes pronto de esa faringitis. Yo cuando estoy con gripe siempre leo a Proust o a Pla; es cuando más los disfruto, cuando mejor capto la vida que desprenden... (Pero, en fin, ésta es una teoría mía muy endeble).

Acabo de leer tu crítica de "La manía" en El Cultural. Todavía no he leído este tomo (así que no puedo opinar), pero en general percibo en la gente que lo ha leído ya (y que son grandes admiradores del "Salón") menos entusiasmo, no sé, ciertos síntomas de agotamiento, como si les dejase más fríos. A lo mejor es una impresión equivocada. O quizás es normal que ocurra así. O a lo mejor lo que pasa es que es casi imposible decir algo nuevo sobre estos diarios.
Me ha gustado mucho que subrayes que A.T. no nos oculta "ciertas humanísimas fragilidades", porque es una de las cosas a las que yo siempre le he dado más valor: no estamos ante un personaje de cartón piedra, "espiritualizado", mejorado falsamente, sin tacha..., sino ante un personaje más real, con vida, con sus cabreos y sus manías (precisamente). Esto, que imagino que es lo que más detractores o enemigos le ha ido causando, será una de las cosas que le dará más valor en el futuro -creo yo- y hará que la gente que lo lea dentro de 50 años disfrute aún más que nosotros, por estar literalmente "leyendo la vida". Por eso me dan envidia.
Y sí: la importancia del sentido del humor... tan cervantino.
Precisamente ayer hubo aquí en Madrid (por el Día del Libro) un debate entre Trapiello y García Martín sobre los diarios; el tema -"Diarios: realidad o ficción"- prometía mucho, pero la verdad es que me decepcionó un poco. Al menos conseguí una dedicatoria para el Círculo Solana.
Bueno, que te mejores. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Igualmente, te espero una pronta recuperacion. Leo con interes este blog.

Vicente Garcia

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por los buenos deseos. Esto está durando más de lo previsto. Me dicen que ando bajo de defensas, por el estrés... Quién me lo iba a decir a mí, que soy más bien de ánimo bucólico y meditativo.

En cuanto a lo de A.T.: no creo que haya síntomas de agotamiento; lo que sí es cierto es que esta entrega no es de las que marca un salto cualitativo respecto a las anteriores -como el que supuso, por ejemplo, Las inclemencias del tiempo). Pero el nivel de calidad e interés se mantiene, a la vez que el personaje gana en humanidad (lo que significa que también empezamos a entrever sus debilidades).