lunes, mayo 26, 2008

CASUALIDADES

Paso por delante de la librería de Raimundo justo en el momento en el que me estoy planteando comprar un periódico para tener algo que leer en el autobús. Y recuerdo aquella costumbre del año pasado de la que he dejado constancia aquí en alguna ocasión: el "libro de los jueves", es decir, ese libro de saldo que compraba ese día de la semana en esta misma librería, para amenizarme el trayecto de regreso. Aquel juego tenía sus reglas: por ejemplo, que el libro en cuestión no costase mucho más que un periódico. El que compro hoy dobla justo ese precio: pero, teniendo en cuenta que lo voy a dejar en mi cartera, y que va a proporcionarme lectura jugosa para más de un trayecto, creo que merece la pena: Artículos olvidados de J. Martínez Ruiz ("Azorín"), seleccionados y anotados por J. M. Valverde, y publicados en la meritoria y ya muy fuera de lugar "Biblioteca del estudiante" de Ediciones Narcea, en 1972.

El ejemplar está flamante. Y es un placer ir hojeándolo y, de vez en cuando, pararse a leer uno de esos artículos de cuando el que todavía no firmaba "Azorín" se las echaba de anarquista o de republicano federal, según soplasen los vientos radicales del momento. Ya se le veía venir, de todas maneras:

Y ocurre -ved la enorme paradoja- que, en los tiempos que atravesamos (...), los partidarios de la abstracción (...) son tenidos por los representantes de la libertad y del progreso, mientras que son tachados de reaccionarios aquellos espíritus que (...) tratan de derribar de sus tronos estos otros pequeños y tiránicos dioses, que los "liberales" y "progresistas" reverencian y ensalzan con fanatismo.

Es una de las alegrías de un día que no ha estado escaso de ellas: una mañana luminosa, una jornada laboral casi furtiva, pero por eso mismo estimulante y provechosa, este regalo imprevisto del azar, el recibimiento clamoroso de K., panza arriba, y el almuerzo sencillo y apetitoso que he conseguido aviar con los restos de un guiso de carne y una taza de arroz...

Y eso que es lunes.

***

Por qué ley se regirán las casualidades. No creo tener poderes especiales para suscitar a mi alrededor ciertos acontecimientos, por lo que no hay más remedio que concluir que, cuando se tiene la atención puesta en determinada clase de asuntos, estamos predispuestos a advertir, en ese caos informe e inabarcable que es la realidad, todos aquellos indicios que se relacionan con lo que tenemos en mente, y que en otras circunstancias nos hubieran pasado desapercibidos. Ése es el motivo por el que, justo después de haber leído el libro Imágenes de la ciudad, de Darío Villanueva, que he reseñado para El Cultural, llego el sábado por la mañana al pueblecito de la sierra en el que paso los fines de semana y veo que la tarde anterior han proyectado en el teatro del mismo Berlin
, Symphonie einer Großstadt (1927), de Walter Ruttmann, una de las películas señeras de las que se ocupaba ese libro. Me pregunto quién habrá ido en este pueblo a ver esa rara joya del cine de vanguardia. Y casi me doy de cabezazos contra la pared, por habérmela perdido.

Pero aún hay más. Después de haber recalado por casualidad el otro día en Argel, la obra maestra de John Cromwell, pongo ayer el televisor a las nueve y media y sorprendo los títulos de crédito de... una película de este director que no había visto antes: Presa de su pasado (The Company She Keeps), de 1951, con las bellísimas Lizabeth Scott y Jane Greer: una estrambótica historia en la que una presa en libertad condicional le quita el novio nada menos que a la funcionaria encargada de certificar su rehabilitación... Pero, con todo, es una película notable, y cuenta con una espléndida secuencia en la que la protagonista es arrestada, pasa la noche en una tétrica celda, en compañía de una espeluznante fauna femenina, y comparece en una humillante ronda de reconocimiento, filmada con desacostumbrada dureza. Un argumento más, en fin, para esta modesta campaña que mantengo para reivindicar a este director considerado "menor".

***

Ojalá encendiera el televisor esta noche y apareciera..., no sé, alguno de los policíacos de William A. Wellman.

2 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Veo que sigues fiel a Azorín, autor con cuyo descubrimiento ("La voluntad" sobre todo) coincidimos hace años. Su labor como articulista político es más conocida. Sin embargo, poca gente conoce su faceta como observador de la naturaleza (insectos y plantas especialmente). Si no lo has leído, te sugiero la lectura de su libro "Antonio Azorín", obra de difícil clasificación, pero muy interesante para quienes sentimos atracción por la estética de este autor.

Mery dijo...

Ya que asomo por aquí, anoto la recomendación de Antonio también.
Qué razón tienes en tu entrada de hoy; hay dias en que todo se confabula para la armonía y el bienestar(también para lo contrario).
Y qué bienestar proporciona el encuentro casual con una gema preciosa, como los artículos de Azorín.
Te felicito por ello.