viernes, mayo 09, 2008

EN FINLANDIA

"En Finlandia -dice esta señora tan poco empática, en una reunión profesional de profesores y maestros- es lógico que saquen las puntuaciones más altas en el informe PISA, y que el coeficiente de comprensión lectora de sus estudiantes duplique el que alcanzan los nuestros: allí sólo se dedican a la enseñanza quienes tienen los mejores expedientes académicos". Rumores entre el público. Piensa uno en la larga nómina de doctores, eruditos en distintas materias, artistas plásticos, escritores, etc. que se dedican o se han dedicado a la enseñanza; por no incluir a quienes han superado, en determinadas materias muy minoritarias (las lenguas clásicas, por ejemplo), dificilísimos procesos de selección. Todos ellos, según da a entender esta mujer, entre golpes de flequillo y aleteos de pestañas, porque no podían dedicarse a algo mejor, o por haber sacado la carrera por los pelos. Alguien del público levanta la mano y se lo hace saber. Y entonces ella recula: "Ah, no, yo no he querido decir eso".

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"A mí me daría corte publicar un diario personal", me dice una compañera de trabajo. Pero es que la intimidad sólo puede entenderse como algo compartido. De lo contrario, es simplemente soledad. Y las condiciones en que he escrito estas Señales de humo que acabo de dar a la imprenta se ajustan bastante bien a lo que yo entiendo por intimidad: compañía de pocos, voluntaria y gustosa, en la que uno se anima a explayarse sobre esto y aquello, a darse a conocer, a poner a salvo con ellos, al contarlo, lo que, de otro modo, se perdería para siempre. Uno había llevado antes otros cuadernos: de notas, de lecturas, de películas, de recortes. Y si ninguno, a diferencia de este blog, había llegado a convertirse en diario íntimo, es porque les faltaba esa condición esencial de la intimidad: la compañía.

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K. se ha hecho más independiente y selectiva, y se ha acostumbrado a pasar largas horas sola, en sus rincones preferidos. Que uno de ellos sea el lado de la cama en el que duermo me da que pensar. Tal vez huelo a gato.

1 comentario:

Mery dijo...

Al pensamiento desafortunado de la señora, sin comentarios, ya se llevaría lo suyo in situ, imagino.

Comparto tu idea de que, si no compartiéramos nuestras vivencias, nuestras meditaciones, con los demás, se perderían, tristemente.
Por eso me parece estupendo que hayas publicado tu libro, y te deseo todo el éxito del mundo.