martes, mayo 27, 2008

GUIJARROS

Casi no hay día en el que no se te caiga, y se haga añicos, algo que te gustaba mucho ayer. Algunas cosas de Fellini, por ejemplo. Anoche empecé a ver Amarcord, y a la mitad de la película decidí irme a la cama. Puedo achacarlo al cansancio. Pero, ¿por qué no reconocer que esa historia informe, esas multitudes que se movían como en ciertas coreografías de anuncio, esa nostalgia impostada, todo eso, en definitiva, me estaba aburriendo, cuando no irritando profundamente?

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Con alguien que habla un idioma distinto al tuyo siempre puedes terminar entendiéndote por señas. Peor es cuando esa otra persona habla tu misma lengua, pero tiene en la cabeza una concepción del mundo, un modo de pensar y de ver las cosas, radicalmente incompatibles con los tuyos. Las palabras vienen y van, sí, pero más al modo de los guijarros que dos pandillas enemigas intercambian en una pedrea, que como se supone que deben circular entre dos personas dispuestas a escucharse y entenderse. En un caso así, es inútil que una de las partes aspire a convencer al contrario. Sólo hay un entendimiento posible: la confluencia de intereses. Pero ese entendimiento sólo dura lo que el interés común. Después, incluso esa momentánea coincidencia se vuelve incomprensible para ambos.

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Ha habido más de un "poeta en Nueva York" en las literaturas hispánicas: Martí, Juan Ramón Jiménez, Camba (que no era poeta, pero no importa), García Lorca... De éstos, sólo Camba y JRJ supieron expresar la mezcla de fascinación y asombro que les producía la gran ciudad en términos de humor. Y no se explica uno muy bien por qué Lorca, dotado como estaba para infundir un toque de gracia a todo lo que hacía, no supo añadir ese rasgo redentor a su libro neoyorquino. En el de Darío Villanueva que citábamos ayer puede que esté la respuesta: entre otras cosas, insinúa el crítico, el granadino quería impresionar a sus amigos "vanguardistas", Buñuel y Dalí, que andaban despotricando del "gitanismo" del otrora entrañable camarada. Así se explica todo. O nada, que es lo mismo.

5 comentarios:

TOMÁS dijo...

A mí me ha ocurrido todo lo contario. Ahora con los alumnos estamos viendo Amarcord y estoy disfrutando mucho más ahora. Sí esas multitudes, esos colores simbólicos, esas escenas inconexas...Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Anónimo dijo...

Parece que usted y yo estamos siguiendo estos dias un itineario filmico con puntos en comun: si hace unos dias escribia sobre la revision de Chinatown, que yo habia visto hace pocas semanas, hoy es Amarcord, que vi hace algo mas de un mes, aunque en mi caso fueron por primera vez -soy veinteañero-. Cuando vi Amarcord senti estupefaccion, ante esa desmesura de Fellini, por otra parte tan atractiva; no me aburrio, me parecio extrañisima -algo que tambien le pido al cine, esa apertura a nuevos mundos, otras esteticas-, en muchos momentos divertida, alegre, tan festiva ella. Esta es una opinion superficial, puesto que no procede ahora un analisis de aspectos mas profundos, que por otra parte yo vengo a leer aqui, esta columna de humo, estre otras cosas. Mario

José Manuel Benítez Ariza dijo...

A lo mejor, Mario, es que vemos los mismos canales, y me alegro de que coincidamos en nuestras elecciones. No sé, me limito a constatar la desgana que sentí el otro día. Después ponían Las noches de Cabiria, y lamenté que no hubiera sido al revés, porque creo que esa película no me hubiese importado volver a verla, como no me hubiese importado, en fin, ver de nuevo La Strada. Ese Fellini arrebatado y realista al mismo tiempo me interesa más que el otro, ruidoso y teatral, que empieza a insinuarse muy a las claras en Amarcord.

Anónimo dijo...

La coincidencia cinefila, profesor, va mas alla de la eleccion de un canal dado: yo debo elegir entre miles de titulos en el videoclub -de gran nivel- con el que tengo contratada una tarifa plana mas asequible que la television de pago, pues me sorprenderia que esas programaciones correspondieran a televisiones con intereses comerciales mas amplios. Naturalmente, anoto esos titulos que me regala en su comentario. Ire a descubrirlos inmediatamente -soy un poco tardio y tengo todavia mucho cine que ver, muchas letras que leer, aunque estoy en buen camino, pues me apasionan por estos dias comedias de Capra de los treinta y cuarenta: y eso en alguien de mi edad, no es habitual sino en circulos relativamente reducidos, por no escribir absolutamente. Perdon por la puntuacion. Mario

José Manuel Benítez Ariza dijo...

¿Desde dónde me escribes, Mario? Porque, si ese videoclub me quedara cerca, me hacía socio de él ahora mismo.