martes, mayo 20, 2008

LO QUE SE PUEDE

En medio de una aparente parálisis, propia de esta estación tan ajetreada, van llegando los frutos de otros tiempos de esfuerzos mejor dirigidos: mi traducción de John Marr y otros marinos, de Melville; o las pruebas, que recibo hoy, de Los bosques sumergidos, mi última novela. Los procesos que median entre la escritura de una obra y su publicación contribuyen no poco a que el escritor la sienta como una cosa extraña, hasta cierto punto ajena. No soy ya quien escribió esta extraña novela, cuyos entresijos aún hoy me resultan un tanto dolorosos. Ni siquiera soy el que, animosamente, puso manos a la obra el verano pasado a los poemas de Melville, en respuesta a un requerimiento amistoso de Juan Bonilla. Mi paisaje interior lo forman los fragmentos todavía desorganizados, dispersos, de lo que trato de escribir ahora. Al fin y al cabo, uno no vive de esto, y podría pasar por la vida perfectamente sin asumir ninguno de los tics del escritor profesional. Pero qué meritorios me parecen, en estos momentos, los esfuerzos que esos escritores hacen por estar a la altura, no de lo que escriben, sino de lo que escribieron y ahora deben respaldar y vender.

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A otra cosa: estas últimas lluvias me animan a pensar que el Pajaruco, el arroyo de Benaocaz que permanece seco la mayor parte del año, conservará su caudal hasta entrado el mes de junio, y que hay alguna posibilidad de que podamos bañarnos al pie de alguna de sus cascadas, en alguna de esas pozas hondas que, en pleno invierno, constituyen una verdadera incitación a la locura de arrojarse a ellas, a sus aguas cristalinas y heladas. Hace uno votos por que se cumpla esa fantasía en la estación más propicia. Y cada uno de estos chaparrones extemporáneos me parece una señal de aliento, como si alguien desde arriba me dijera: "Paciencia, hombre, que se hace lo que se puede".

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Estas mañanas frescas de mayo: en mi paraíso ideal no se suda, ni hay necesidad de abanicarse. Ni siquiera se levanta uno tarde, por mor de sentir en la piel este frescor primero del día sin ensuciar. Lo de después ya es otra cosa.

4 comentarios:

conde-duque dijo...

Tiene muy buena pinta la editorial de Juan Bonilla. Habrá que seguirle la pista...

Manuel dijo...

"...sentir en la piel este frescor primero del día sin ensuciar." Qué frase por Dios.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

¿Por qué lo dice?

Manuel dijo...

Lo digo porque la frase tiene las palabras justas y exactas. El frescor primero es el que tiene ese toque de pureza que despu�s, al rato quiz� perder�. Ensuciar es la palabra. La frase est� construida para sentir. Creo que los poetas lo haceis hasta sin querer.
Un saludo.