viernes, mayo 23, 2008

VIDRIOSO Y DESAGRADABLE

No me quiero dejar en el tintero esta anécdota sobre J.R.J. que me contaron ayer durante el almuerzo. Al parecer, en los archivos de la Compañía Transatlántica Española, la que perteneció al Marqués de Comillas, se guardan las cartas que el poeta envió a la empresa para protestar por el deterioro de algunos bultos de su equipaje durante el viaje de regreso de su boda en Nueva York en 1916, el que inspiró su Diario de un poeta recién casado, el libro que cambió el rumbo de la lírica española. Al parecer, esos bultos se mojaron, y en su carta de protesta enumera Juan Ramón los daños ocasionados, especialmente a las pieles de su mujer, y reclama una indemnización de... 4.000 pesetas, una cantidad bastante considerable para la época.

La compañía recabó toda la información disponible, y al parecer se conserva una nota del capitán del barco en la que éste asevera que, ya durante el trayecto, advirtió que el demandante era un hombre "vidrioso y desagradable". La naviera, en primera instancia, aceptó pagar 500 pesetas de indemnización. Pero el demandante no se avino; y, finalmente, tras un largo y desabrido intercambio epistolar, en el que incluso se llegó a acusar el poeta de haber sido el responsable del deterioro de su propio equipaje, al trasladarlo sin la debida protección del hotel al barco en un día de lluvia, el propio Marqués de Comillas dio orden de que se zanjase tan enojoso asunto y se le abonasen a J.R.J. la cantidad reclamada.

Es una curiosa historia, que ilustra a las claras el carácter obstinado del poeta y el celo con que defendía lo que entendía que eran sus prerrogativas. En la vida y en la poesía. También el libro que dio a la imprenta poco después tenía algo de envite arriesgado. A algunos les podrá chocar que un acontecimiento poético de esa envergadura tenga en su trasfondo una anécdota tan pedestre. Pero nadie podrá decir que la verdad esencial del libro esté en contradicción con las enojosas realidades que le precedieron. Todo lo contrario. La poesía es eso: sacar perlas limpias, nítidas, de ese fango untuoso que es la vida. Perlas nacidas en ese fango, y que seguramente deben mucho de su valor a su capacidad de infundir un poco de sentido, un punto de trascendencia, al mismo.

De todos modos, cuesta imaginar al neurasténico J.R.J. retocando un poema después de haber redactado una airada carta de reclamación. O tal vez sí: tal vez la fuerza del personaje resida en esa capacidad de cambiar de registro, en ese modo de arrumbar lo irrelevante para dedicarse de todo corazón a lo que verdaderamente importa.

5 comentarios:

Fernando Valls dijo...

Qué anécdota tan buena, del "vidrioso" JRJ. Parece verosímil. ¡Pero qué escritor tan extraordinario era!

Mery dijo...

Pobre Zenobia: imaginadla aguantando en casa un dia si, y otro también, los refunfuños de JRJ por el asunto de las pieles (entre otros comecomes).
Y tan hipocondríaco siempre.
Ahora bien, sus obras, geniales.

TOMÁS dijo...

Estos líos de alcoba demuestran que la vida de un poeta es la vida de su escritura nada más... ni nada menos.¿Sabes si se publicarán dichas misivas?
http://tropicodelamancha.blogspot.com

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sabía que la anécdota os iba a gustar. Me la contó la propia archivera que se encargó de ordenar el legado de la Transatlántica. Estaba presente otro escritor, que le ha pedido fotocopias de estas cartas para presentar la anécdota, debidamente documentada, en un acto sobre J.R.J. en el que participará próximamente, en Huelva. Yo creo que también la contaré este martes, en una mesa redonda sobre lo mismo que tendrá lugar en Cádiz. En fin, no es que se trate de ninguna exclusiva, pero sí es de esas anécdotas que te hacen pensar sobre las extrañas relaciones que hay entre la vida y la literatura.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Como sabes, hace unos días se hizo en Cádiz un acto de homenaje a JRJ, en el que estuvieron Pilar Paz Pasamar, Ana-Sofía Pérez Bustamente y Javier Blasco. Yo no pude asistir, pero me han contado que apenas se habló de su poesía, pues interesó más hablar de su persona. Hay que andar con ojo para que el personaje no eclipse su obra. Darle demasiada importancia a estas anécdotas tiene sus riesgos. Hoy publica Suso del Toro un artículo estupendo en El País sobre los difusos límites entre el artista y su creación. La vida de JRJ, como la de cualquier escritor, es mera circunstancia de su obra, y no al revés. O al menos así debería ser para los lectores.